La alondra y la diosa
La alondra de plumaje suave y destellos de oro alcanzó la colina en la cual reía la diosa.
-¿Por qué ríes, hermana?
-Río porque busqué y encontré el amor de los hombres. Por su complacencia y amistad renuncié a mis atributos divinos y, tomando aquellos que corresponden a los árboles, ofrecí a mis amados el refugio frondoso de mi compañía, las galas de mis flores perfumadas y el abundante fruto colmado de mi dulzura. Congregados a mi alrededor entonaron canciones gozosas y danzaron como el agua nueva en el viejo manantial, como arena blanca sacudida por el viento fresco de la primavera. Río porque fueron felices y porque yo lo fui con ellos, porque mi belleza aumentó la suya como una guirnalda exquisita que adorna el lecho nupcial.
La alondra de plumaje suave y destellos de oro alcanzó la colina en la cual lloraba la diosa.
-¿Por qué lloras, hermana?
-Lloro porque busqué y encontré el desprecio de los hombres. Por su enojo y enemistad renuncié a mis atributos divinos y, tomando aquellos que corresponden a los árboles, ofrecí a mis despreciados el refugio ilusorio de mi compañía, el empalago de mis flores gastadas y el abundante fruto saturado de mi amargura. Congregados a mi alrededor entonaron himnos solemnes y permanecieron como el agua vieja en el nuevo manantial, como arena gris tañida por la brisa quieta del verano. Lloro porque fueron tristes y porque yo lo fui con ellos, porque mi fealdad descubrió la suya como una guirnalda marchita que indica el lugar del sepulcro.
-¿Por qué ríes, hermana?
-Río porque busqué y encontré el amor de los hombres. Por su complacencia y amistad renuncié a mis atributos divinos y, tomando aquellos que corresponden a los árboles, ofrecí a mis amados el refugio frondoso de mi compañía, las galas de mis flores perfumadas y el abundante fruto colmado de mi dulzura. Congregados a mi alrededor entonaron canciones gozosas y danzaron como el agua nueva en el viejo manantial, como arena blanca sacudida por el viento fresco de la primavera. Río porque fueron felices y porque yo lo fui con ellos, porque mi belleza aumentó la suya como una guirnalda exquisita que adorna el lecho nupcial.
La alondra de plumaje suave y destellos de oro alcanzó la colina en la cual lloraba la diosa.
-¿Por qué lloras, hermana?
-Lloro porque busqué y encontré el desprecio de los hombres. Por su enojo y enemistad renuncié a mis atributos divinos y, tomando aquellos que corresponden a los árboles, ofrecí a mis despreciados el refugio ilusorio de mi compañía, el empalago de mis flores gastadas y el abundante fruto saturado de mi amargura. Congregados a mi alrededor entonaron himnos solemnes y permanecieron como el agua vieja en el nuevo manantial, como arena gris tañida por la brisa quieta del verano. Lloro porque fueron tristes y porque yo lo fui con ellos, porque mi fealdad descubrió la suya como una guirnalda marchita que indica el lugar del sepulcro.


















