5 de enero de 2009

Noche de Reyes



Desde que tengo uso de razón la celebramos en el pueblo, en casa de mis padres, región casi deshabitada y sólo familiar cada cinco de enero. Olor de muebles viejos y cajones llenos de nada. Noche de rituales que se repiten y que al repetirse actualizan, conscientemente o no, lo que nunca pretendió ser original. El año que mi padre fundó la tradición de poner Ben-Hur durante la cena, por ejemplo, no pensó estar haciendo algo insólito. Al contrario, aquella película hacía presentes, físicos, los años viejos en el recuerdo y ahora los sigue haciendo, en los nuevos, a fuerza de costumbre.

El belén, expuesto los doce meses del año, me trae a la memoria estos de Navidad y la Navidad, cada Noche de Reyes, me recuerda los dos años que vivimos, ya hace veinte, en aquella casa. Los electrodomésticos son los mismos que entonces, sólo que ahora hacen más ruido. La ventana del cuarto de baño sigue dando a las mismas casas imaginarias, de país inhóspito, que creí ver en mi infancia. Una habitación, la que fue mía, guarda la imagen de la primera y única agresión a mi hermana, leve y actualmente calificada como "merecida" por la "víctima".

Se preparan dos mesas: una grande (la mesa grande y vieja del comedor) y otra pequeña y baja. En la pequeña y baja cenamos los que ya no somos ni pequeños ni bajos y en la grande siguen cenando los grandes, que no han perdido grandeza pese a perder altura. Abuelos, padres y tíos siempre estarán por encima de nietos, hijos y sobrinos. Tradición y utilidad transcurren por caminos paralelos.

Mi padre se sitúa en uno de los extremos de la mesa, desde donde puede ver la televisión, es decir, a Charlton Heston. Un ritual que frecuentamos mis hermanos y yo consiste en cambiar de canal y calibrar el tiempo de reacción de mi padre, analizando sus gestos durante todo el proceso. La indiferencia inicial (que puede durar entre uno y cinco minutos) demuestra que no quiere ver la película sino ser visto por ella. Una vez percibido cierto atisbo de anormalidad mi padre se rasca el brazo, como quien intenta poner en orden sus ideas. Poco después frunce el ceño e inmediatamente, dando un leve respingo sobre su silla, mira acusadoramente hacia la mesa de los "niños" y nos advierte con un monosílabo. Ese es nuestro roscón de Reyes.

Terminada la cena vamos a por los regalos, a por unos regalos que, con el tiempo, han pasado de estar escondidos a guardarse simplemente. Un año mis padres tuvieron la ocurrencia de esconderlos en el ascensor y hoy, cuando lo utilice para subir a casa, quizá sueñe con reencontrarme con mi vieja bicicleta azul recostada sobre sus paredes. Pero aquello se acabó. La emoción de los niños por encontrar juguetes era mucho más atractiva que el temblor de los adultos por descubrir sobres con dinero, así que para volver a jugar será necesario que nazca alguien. Los Reyes volverán entonces a divertirse escondiendo los regalos y la mesa de los "niños" perderá, por algún tiempo, sus cada vez más irónicas comillas.


4 comentarios:

maty dijo...

Hola chikillo!! :)
Te dejo un comentario para decirte que desaparezco del mapa por un tiempo, por motivos de privacidad y porque escribo en otros dos blogs más y ando atareada y para tenerlo a medias... prefiero retirarme una temporada. Sólo quería que lo supieras y agradecerte las veces que te pasaste por allí a dejarme una firmita.
Volveré!!! Un besiñooo desde Pontevedra!

maty dijo...

Ah!!! y feliz 2009 y k los Reyes se porten genial contigo!! :)

Petrarca dijo...

Hola. Gracias por informarme. Sabe mal entrar en un blog y encontrarlo cerrado y con las persianas tiradas. Te mantendré en el "staff" para cuando vuelvas. Feliz año.

intelligence dijo...

I think I come to the right place, because for a long time do not see such a good thing the!
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