Clac

Si su vida dependiese de un interruptor
le habría matado cientos de veces.
Sin reflexión.
Sin acciones previas.
Una leve presión.
Clac.
Sin tiempo.
Por cada paliza:
clac.
Por cada grito:
clac.
Por cada amenaza:
clac.
Caricias punzantes.
Besos viscosos.
Humillaciones disfrazadas.
Clac. Clac. Clac.
Si su vida dependiese de un interruptor
habría disfrutado matándole cientos de veces,
se habría divertido como cuando era niña,
jugando a apagar y encender las luces de su mundo.
En aquel tiempo su inocencia se satisfacía descubriendo,
una y otra vez,
los espacios de su felicidad:
su cama,
sus juguetes,
sus dibujos,
sus libros,
su ropa...
Ahora disfrutaría viendo desaparecer,
una y otra vez,
el motivo único de su miseria:
él.
Clac. Muerto.
Clac. Muerto.
Clac. Muerto.
Si su vida dependiese de un interruptor...
Pero no dependía
y ella era tan consciente de su situación
que jamás pensó en matarle
ni en cuánto habría disfrutado matándole cientos de veces.
La vida tenía sus ritmos y en ellos se incluía el lento,
lentísimo,
del asesinato.
Interminable fundido en negro.
Imagen crecientemente brumosa.
Agonía prolongada.
Clac.
Muerta.





2 comentarios:
¿Qué? ¿Experimentando poéticamente? =)
Al principio era un cuentecito pero al acabarlo pensé: ¿Y por qué no? Así que me dediqué a cortar frases por la mitad. ;)
Publicar un comentario en la entrada