29 de junio de 2009

Clac







Si su vida dependiese de un interruptor
le habría matado cientos de veces.

Sin reflexión.

Sin acciones previas.

Una leve presión.

Clac.

Sin tiempo.

Por cada paliza:
clac.

Por cada grito:
clac.

Por cada amenaza:
clac.

Caricias punzantes.

Besos viscosos.

Humillaciones disfrazadas.

Clac. Clac. Clac.

Si su vida dependiese de un interruptor
habría disfrutado matándole cientos de veces,
se habría divertido como cuando era niña,
jugando a apagar y encender las luces de su mundo.

En aquel tiempo su inocencia se satisfacía descubriendo,
una y otra vez,
los espacios de su felicidad:

su cama,
sus juguetes,
sus dibujos,
sus libros,
su ropa...

Ahora disfrutaría viendo desaparecer,
una y otra vez,
el motivo único de su miseria:

él.

Clac. Muerto.

Clac. Muerto.

Clac. Muerto.

Si su vida dependiese de un interruptor...
Pero no dependía
y ella era tan consciente de su situación
que jamás pensó en matarle
ni en cuánto habría disfrutado matándole cientos de veces.

La vida tenía sus ritmos y en ellos se incluía el lento,

lentísimo,

del asesinato.

Interminable fundido en negro.

Imagen crecientemente brumosa.

Agonía prolongada.

Clac.

Muerta.



2 comentarios:

S. Dedalus dijo...

¿Qué? ¿Experimentando poéticamente? =)

Petrarca dijo...

Al principio era un cuentecito pero al acabarlo pensé: ¿Y por qué no? Así que me dediqué a cortar frases por la mitad. ;)

Compartir