El cuadernillo naranja (23)
Ahora que la tesis doctoral empieza a tomar cuerpo o, al menos, cierta idea de cuerpo, empiezo a pensar en el futuro. Si no me toca la lotería de poder vivir por escribir (que es lo que a mí me gustaría) no sé en qué otra cosa podría trabajar si no es de profesor. Me he presentado ya a dos oposiciones y, a pesar de los malos resultados, tengo bastante claro que lo próximo será presentarme a las terceras. En realidad nunca me he planteado, seriamente, otra alternativa.
Cuando pienso en mi futura vida de profesor la primera imagen que acude a mi mente no es la de una clase llena de alumnos sino la de un despacho, la de mi despacho, conmigo realizando actividades que nada tienen que ver con enseñar, como leer una novela, hojear un periódico o escribir en el ordenador. La historia no es una disciplina que me apasione (¿qué le vamos a hacer?) pero espero que me pueda servir como medio para profundizar en lo que más me gusta.
Las próximas oposiciones serán dentro de un año. Mientras llegan tendré que compaginar el estudio de esos setenta y cuatro interminables temas con otras labores más inmediatas. Estudiar otra carrera o trabajar, that's the question. Si me decido por estudiar deberé elegir entre magisterio y periodismo. Si me decido por trabajar cualquier capacidad de elección supondría un lujo, tal y como están las cosas. Mi padre preferirá que trabaje y mi madre se conformará con que haga algo de provecho. Por mi parte, lo que más me interesa es poder conservar ciertas rutinas que, hoy por hoy, considero irrenunciables.
Cuando pienso en mi futura vida de profesor la primera imagen que acude a mi mente no es la de una clase llena de alumnos sino la de un despacho, la de mi despacho, conmigo realizando actividades que nada tienen que ver con enseñar, como leer una novela, hojear un periódico o escribir en el ordenador. La historia no es una disciplina que me apasione (¿qué le vamos a hacer?) pero espero que me pueda servir como medio para profundizar en lo que más me gusta.
Las próximas oposiciones serán dentro de un año. Mientras llegan tendré que compaginar el estudio de esos setenta y cuatro interminables temas con otras labores más inmediatas. Estudiar otra carrera o trabajar, that's the question. Si me decido por estudiar deberé elegir entre magisterio y periodismo. Si me decido por trabajar cualquier capacidad de elección supondría un lujo, tal y como están las cosas. Mi padre preferirá que trabaje y mi madre se conformará con que haga algo de provecho. Por mi parte, lo que más me interesa es poder conservar ciertas rutinas que, hoy por hoy, considero irrenunciables.
***
Cuando Laura me dice algo bueno, sobre todo cuando es algo directo y evidente, a los pocos segundos suele arrepentirse de haber sido tan clara y entonces realiza un movimiento de repliegue: se mete conmigo, me insulta y amenaza seriamente con irse, aunque sea medio en broma. Tal vez lo hace porque no quiere que me crea esas cosas tan buenas que dice de mí y porque teme, quizás, que me contagie de vanidad y que eso acabe afectando al cariño que le tengo. La simple posibilidad de que Laura considere mi cariño como algo a proteger es tan estremecedora que anula completamente la inquietante premisa de que me tenga por un peligro para mí mismo. Desde luego, no podría existir mayor ni más justificado motivo de envanecimiento que el de sentirse querido por alguien tan valioso y tan inalcanzable como ella.






0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada