27 de junio de 2009

La compra




En la cola del supermercado normalmente te ceden el sitio si la desproporción de compra es muy evidente. Pongamos de cinco a uno. Por eso me extrañó que aquel hombre me lo cediera pese a llevar en la cesta prácticamente la misma cantidad de productos que yo. Era un tipo de unos cuarenta años bastante mal llevados, sin afeitar, mal peinado y con una ropa demasiado grande que parecía despeñarse desde su mediana estatura, aún más mediana por la curvatura exagerada de su cuerpo. Tenía los ojos llorosos, profundísimos, y una mirada perdida en la pared que ni siquiera intentó dirigirme cuando me habló.

-Pasa delante -dijo, apartándose.
-No hace falta, no tengo prisa.
-Menos prisa tengo yo. Vengo ahora de almorzar...
-No importa. Por dos minutos no nos vamos a morir.

Me sorprendió su insistencia. Olía raro y su mirada, todavía sobre la pared, se fue endureciendo mientras me hablaba. Estaba nervioso, quizá a consecuencia de lo imprevisto de mi contestación. Después de mi última frase se acercó a una estantería que había junto a la caja, buscando algo entre los caramelos que no podía ser más que tiempo: tiempo para encontrar otra frase, tiempo para que yo me adelantara en la cola... Tiempo para hacer tiempo. No le sirvió de nada.

-Pues pasaré yo -dijo, y levantó la cesta hasta dejarla sobre la cinta transportadora.

A continuación empezó a sacar su compra: un paquete de leche, una bandeja de carne, queso rayado, botellas de gaseosa, un pack de estropajos... Aún quedaban unas cuantas cosas cuando se desentendió de la cesta y se fue a la otra parte de la caja. La dependienta sacó el resto de la compra y entonces entendí a aquel hombre. Entendí su temor, su nerviosismo, su insistencia, sus ojos esquivos y llorosos. En el interior de la cesta quedaban, junto a una inocente barra de pan, dos botellas de whisky y una garrafa de diez litros de vino de mesa. Aquel hombre quería que le dejase en paz y yo, sin saberlo, creo que acerté en no dejarle.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha emocionado...

Entre la realidad, y la forma de perfilarla, me dejó pensativo.

Muy buena, y una pena.

S. Dedalus dijo...

A mí nunca me ceden el sitio, será que nos hemos acostumbrado y nadie siente vergüenza ni le importan cosas semejantes.

Bolboreta dijo...

Que penita!

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