Tavernes
Desde siempre me ha parecido que la playa de Tavernes ya vivió sus mejores días. No sé en qué momento. Imagino que a finales de los 50, cuando para salir de fiesta aún se vestía con esmoquin y se podía beber una copa con elegancia. O quizá en los 70, con sus enormes salas de baile con texturas de seda y alcanfor. Tiempos lejanos (como precisa toda fantasía) en los que la orilla del mar olería a mar y no a bronceador ni a carne frita. El lugar, a pesar de todo, tiene el encanto de la decadencia no muy mal llevada, la ternura de esos gestos de muchachita pícara que a veces aún descubro en mi abuela.
Este es el sitio de mis primeras veces: aquí por primera vez me enamoré de una chica, aquí por primera vez una chica me descubrió sus encantos y aquí por primera vez una chica me enseñó a utilizarlos. En ningún caso fue la misma chica, aunque cada vez me lo parecen más.
Este es el sitio de mis primeras veces: aquí por primera vez me enamoré de una chica, aquí por primera vez una chica me descubrió sus encantos y aquí por primera vez una chica me enseñó a utilizarlos. En ningún caso fue la misma chica, aunque cada vez me lo parecen más.






1 comentarios:
Tiene que ser bonito reunir tantas primeras veces en un mismo lugar, aunque no deja de ser interesante la capacidad para convertir a todas las mujeres en una sola. Yo podría hacer eso con mis errores.
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