5 de agosto de 2009

Flotar en tierra





De no ser por lo feliz que le hace repartir felicidad y porque en ningún caso soportaría las continuas perfecciones del hombre perfecto, se podría decir que la subjetividad de Laura se aproxima bastante a lo que vendría a ser una objetividad tirando a lo divino: tú sí, tú no y San Pedro, el pobre, sin trabajo. Es decir, que si Laura quiere a alguien es muy probable que ese alguien se lo tenga merecido. Sin embargo, una vez reconocido el merecimiento del sujeto, aún le queda a Laura resolver el cuánto, el cómo y el hasta dónde, preguntas que son las que la mantienen en vilo pero también con los pies satisfechamente pegados a tierra.


5 comentarios:

S. Dedalus dijo...

Nadie que encuentra perfección tiene los pies lo suficientemente pegados a la tierra. Por suerte.

Anónimo dijo...

Esta entrada es una de esas en las que Laura me parece repelente

Irene dijo...

No sé quién es Laura, pero creo (y espero) que en realidad no decide tantas cosas como ella piensa. Eso sí, mientras no lo descubra seguirá siendo feliz. Así que si quieres que siga contenta, guarda el secreto.

arda dijo...

¿la perfección? ese ideal que nos hace ser infelices... a veces va bien no pensar tanto y dejarse llevar, claro que la caída puede ser grande, pero analizar y planificar tampoco nos asegura que al caer haya una red!

Petrarca dijo...

Uno que se deja llevar planifica tanto como el que no porque nadie puede desentenderse de lo que le conviene. Ni siquiera los suicidas.

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