6 de octubre de 2009

Servicios públicos




El caso Millet, de cuyos silencios ha escrito C.C. Buxter con su habitual elegancia, tiene todos los ingredientes que componen la nube conceptual en la que se encuentra y se pierde la ciudadanía española: una persona roba dinero público pero a esa persona, que está ahí por culpa y a beneficio de alguien, se le despoja de su condición de persona para buscarle otras que hagan más tolerable su existencia. A Millet ya no se le llama Millet sino burgués, capitalista, españolista, catalanista... Cualquier adjetivo es bueno (gracias, en parte, a la solidez "en metálico" de su ideología) siempre y cuando sirva para quitarnos de encima su olor a humanidad. ¿Millet? Millet son ellos.

Las consecuencias de esa percepción, que no sabe de fronteras, sirven para endurecer la cara endurecida de nuestros políticos. Ahí tenemos la de Francisco Camps. Declaración 1: "Aquí no se está debatiendo la autonomía valenciana sino el futuro de España". (Traducción: aquí no se está debatiendo si robamos sino si nos dejarán seguir robando.) Declaración 2: "El PP ve en el Partido Popular de la Comunidad Valenciana una referencia de buenas prácticas, buenas cosas y buen gobierno." (Sospecha: cuando el gobierno se separa de la práctica sólo se pueden esperar "cosas".) Declaración 3: "Yo no gobierno para un partido ni para los conciudadanos de hoy, sino para los valencianos del futuro". (Respuesta adecuada: pues que le paguen ellos.) Declaración 4: "Nos quisieron quitar el agua, ahora nos quieren quitar el orgullo de ser valencianos." (Hipótesis: el nacionalismo triunfa porque convierte la crítica en expresión de auto-odio.) Yo no sé si Camps habrá robado o no, pero cuando sobre su vicepresidente primero y sobre el secretario general de su partido llueven serias acusaciones de corrupción las palabras que pronunció la semana pasada en las Cortes se merecerían no sólo la inhabilitación para el cargo sino la exclusión de por vida de toda actividad pública exceptuando, si acaso, la limpieza de calles, playas y jardines municipales.

Fue el miedo al cambio, el "que me dejen como estoy" lo que permitió que un PSOE carcomido casi venciera en las elecciones de 1996 o que un PP calamitoso estuviera a punto de reeditar (según las encuestas previas al 11-M) su mayoría absoluta en 2004. La política española tiene mucho de ser y poco de estar, de ahí que un político español pueda estar robando a manos llenas pero que no por ello se le considere un ladrón. Nadie votaría a un ladrón, ni siquiera a un asesino... Pero el hecho, demostrado, es que se les vota. Siempre me hago la misma pregunta al abrir la puerta de unos servicios públicos: ¿Por qué nos costará tanto a los españoles tirar de la cadena?


3 comentarios:

Juan Rodríguez Millán dijo...

Totalmente de acuerdo. Y me parece magnífico que lo estemos, a pesar de que no solemos estarlo en temas políticos, porque aquí no estamos hablando en realidad de política, de ideologías o de creencias personales. Estamos hablando de la Ley y de la sociedad en la que vivimos. Y tan cierto creo que es que las sospechas sobre este caso (tiremos de la manta, en éste y en todos) no tienen una respuesta adecuada de nuestros políticos como que se cierne una nueva mayoría absoluta en la Generalitat Valenciana si no lo remedia un batallón de jueces.

C.C.Buxter dijo...

Aquí viene un comentario escrito con mi habitual elegancia :-)

Así como por la "opinión pública" se pretende que "Millet son ellos", los Millet de turno pretenden hacernos creer que "Millet somos nosotros". Cada vez que una persona relevante y con poder es acusada recurre al mismo tópico: hacer creer al "ciudadano de a pie" que también podrían acusarle a él, ya que lo que se persigue es lo que es y no lo que ha hecho. Para la historia de la infamia quedarán las multitudes aplaudiendo la entrada de ciertos altos cargos condenados por crímenes de Estado en la prisión de Guadalajara, ya que, al final y al cabo, eran de los suyos. ¿Te imaginas la sensación que debe sentir quien delinque y, pese a todo, es aplaudido por sus crédulos admiradores?

Lo de Camps es grave, ya que no se trata sólo de los trajes, sino de que si un presidente de comunidad autónoma está relacionado y quiere "un huevo" a personas que están en prisión por sobornar a los alcaldes de media comunidad de Madrid, la cosa huele muy pero que muy mal. Creer que él no sabía nada de lo que se cocía en su partido es como creer que Laporta no sabía nada del espionaje a sus vicepresidentes...

Respecto a tu última frase, te contaré una historia. Un amigo mío trabajó durante un tiempo en un periódico local, y cada dos por tres nos contaba alguna que otra hazaña del alcalde o del ayuntamiento. Ninguna era delictiva (al menos, no que se supiese), pero si de la suficiente entidad como para que yo decidiese que no volvería a votarle en la vida. El resto de mis amigos no opinaba igual. ¿La razón? "Como todos van a robar, prefiero que lo haga un socialista". Con un par.

Petrarca dijo...

La forma más eficaz de quitarse un muerto de encima es convertirse en símbolo. Cuando a Pujol le perseguían por lo de Banca Catalana decía que estaban atacando a Cataluña, cuando reprochaban a Zapatero por cerrar los ojos ante la crisis llamaba antipatriotas a los críticos y cuando a Camps le dicen que tiene las manos sucias dice que quieren quitarle el orgullo a los valencianos. Los políticos tienen esa capacidad de vivir entre las nubes y los votantes se dejan porque es más fácil sentir la patria (o el partido) que entender sobre desfalcos, cajas B y subvenciones. Cuando acusaron a Chaves de subvencionar ilegalmente la empresa de su hija alguien en el parlamento andaluz argumentó que un padre siempre quiere lo mejor para su hija. El corazón tiene razones que la razón no entiende.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...