7 de febrero de 2009

Javi for ZP

Dice Javi que Zapatero le podría utilizar como reclamo electoral porque en tiempos de crisis se ha comprado un piso y le han hecho un contrato indefinido. El viejo ideal del "self-made man" rescatado por Javi en tiempos de Obama. El hombre hecho a sí mismo a pesar del colapso financiero, de la falta de liquidez y de la impotencia adquisitiva. Zapatero a pesar de Zapatero. Motivos para creer. Funcionaría.

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Hoy he podido contemplar desde el tren lo que ya no existía, la ausencia esplendorosa. Las grúas se han alejado del paisaje, o de lo que era paisaje antes de que sus esqueletos de metal lo hirieran casi de muerte. La crisis ha mostrado la reversibilidad de la herida, tal como lo hará el apocalipsis (climático, nuclear, alienígena o divino) cuando destruya a la especie destructora. Ojo por uña, porque la naturaleza no sabe de justicia... O sabe demasiado.

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Hablando de justicia: C. C. Buxter se ha hecho el propósito de no opinar sobre "absurdas polémicas publicitarias"... Pero a mí me tira el rollo. Este anuncio, por ejemplo, de la nueva campaña de Calvin Klein Jeans:


Al parecer han censurado el anuncio televisivo en EEUU (tierra de libertad) por tener "un contenido demasiado erótico". La eterna discusión. Aún no sé de nadie que haya tachado la campaña de machista, pero no nos precipitemos porque aún no ha llegado a estas tierras. Atenta, Bibiana.


5 de febrero de 2009

El sabor de la actualidad



Almorzar y leer el periódico son dos actividades que se complementan a la perfección, tanto que, emprendidas al mismo tiempo, al finalizar una finaliza irremediablemente la otra, adecuándose la ingestión de alimentos a la de noticias, y viceversa.

Almorzar leyendo el periódico es lo mejor que puede hacer alguien que no quiera hacer nada. El acompasado hojear de actualidad tiene un no sé qué de hipnótico y un no sé qué de boscoso, y casi tibetano, la apropiación de una actualidad que se escapa y que pierde interés una vez apropiada. Al cerrar el periódico y agotar la última gota de refresco se tiene la maravillosa sensación de haber conquistado un fortín de cartón-piedra. Maravillosa sensación por irresponsable, porque nadie está obligado a defender los aposentos fingidos.

Almorzar cuando se lee el periódico ofrece sabrosos contrastes, como el de observar desde el búnker a la gente de la calle ajena al enésimo colapso global. Los lectores de periódicos somos minoría (alrededor del 40% de la población total) pero nuestros ceños fruncidos, en comparación con la sonrisa despistada de la mayoría, hacen pensar que, tal vez, seamos nosotros los peor informados. Los titulares a cinco columnas son bombas sólo para quienes les hacemos caso.

Otros contrastes surgen de improviso, de la contextualidad de cada día. Ayer almorcé, y leí el periódico, en la segunda planta del Pans & Company. Había llegado demasiado tarde para que fuera pronto y demasiado pronto para que fuera tarde, de modo que me encontraba a solas, como una isla habitada en medio de un mar de islas vacías. La actualidad pasaba ante mis ojos, medio cerrados más que medio abiertos, en las noticias y en las gentes de abajo, mientras comía patatas fritas y un bocadillo de lomo, bacon y queso fundido, en la felicidad boscosa, casi tibetana, del silencio rugiendo desde el papel. Agotado el periódico y terminado el bocata (unos 30 minutos de reloj solar) observé que salía de los aseos un chico al que yo no había visto entrar y que sé no había entrado durante mi almuerzo. Antes de que me diera tiempo a imaginar qué había hecho el muchacho ahí metido durante aquella media hora (como mínimo) salió del mismo lugar una chica ajustándose las ropas. Nunca como hasta ayer la lectura del periódico durante el almuerzo me había parecido un hábito tan aburridamente limpio. En fin, pura desinformación.


4 de febrero de 2009

La mujer invisible

Llamaron y abrí. No había nadie. Era ella. En el pasillo vacío, sobre el suelo enmoquetado... Allí estaba. Toda para mí. Toda mía por trescientos euros. La hice pasar y cerré la puerta. Uno de mis equipajes estaba por abrir: dos maletas sobre la cama. El otro acababa de entrar en la habitación trazando en el aire el rastro de su perfume. Dejé el dinero encima del sofá. La empresa me pagaba la estancia, la comida y el transporte, pero no la compañía. Soledad en régimen de pensión completa. Sabía a quién acudir para remediarlo. No quise preguntar su nombre. Si la había elegido invisible era, entre otras cosas, para no tener que preguntárselo, de modo que fui a ducharme sin decirle nada. ¿Acaso eran necesarias las presentaciones? Había comprado un derecho de propiedad y nadie saluda a su reloj cada vez que se lo pone. Y mucho menos si el reloj es invisible. Al salir del cuarto de baño el dinero seguía sobre el sofá. Ya no me pertenecía, pero seguía ahí. ¿Y ella? ¿Dónde se había metido? Había deshecho la cama. La almohada, atravesada de parte a parte, fingía ser una mujer dormida. Me acerqué y me senté junto a ella. Deslicé mis dedos entre sus pliegues y sentí cómo su calor me acariciaba y desaparecía, cómo contactaba con mi piel y moría tras el contacto. Ausencia. Ella había estado allí, pero ya no estaba. Antes de que se enfriara su recuerdo lo respiré de entre las sábanas, lo absorbí hasta hacerlo mío, hasta mezclarlo conmigo en confusión de aroma y sangre. Su risa sonó entonces detrás de las cortinas. El sol la iluminó, traspasándola, haciendo que el aire adquiriera a través de su cuerpo una nueva forma, un nuevo ser más consistente, más sólido, proyectando en todas partes las partes de mujer que a ella le faltaban. En el sillón estaban sus pechos, sobre la estantería su vientre, su sexo sobre el televisor... Toda ella estaba en todas partes, toda ella estaba en mí. Toda mía por trescientos euros. Si la había elegido invisible era, entre otras cosas, para no tener que verla marchar.

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3 de febrero de 2009

Arquà, 19 de julio de 1374




Ya sin vida la vida observo, mudo
con una voz que antaño fue la mía,
y mi muerte a la muerte desafía
rompiendo el cabo que deshizo el nudo.

Los astros siento ajenos al camino
errado y a la sangre, hoy ligera
sobre el páramo, antes prisionera
del azar marcado del destino.

Muestra la incertidumbre sus certezas
recién halladas, y el latir del pecho
hundido me concede al fin derecho
de amar sin que padezca más tristezas

el libre corazón. Estéril gloria
que en otro tiempo fue de mi memoria.


Inflexión



Toda pregunta avanza su respuesta.
Ya lo es más que a medias
y el doble que la certidumbre.
En esta parte de mi fórmula
inacabada te resuelvo,
igual a aquella otra
de la que busca ser imagen
-metáfora de tu sexo encarnado
que viene detrás de mí-.
Sobre la frente el dedo ensangrentado
traza los pensamientos de una noche.
La amenaza tiembla
sobre el labio acusador de sí mismo,
anterior al resto,
soplo de un momento
y arquetipo del sucesivo morir.
Inflexión: punto de una curva en que cambia
de sentido su curvatura.
No procede la vida recta
ni el engaño de un punto infinito,
que yo no quiero descansar en la muerte
sino en ti
y en tu arriesgada lógica
del hoy que espera mañana.

2 de febrero de 2009

Quedan trincheras

Hoy en día el deporte ha ocupado el espacio reservado para las guerras. Se enfrentan los hombres y se enfrentan los países, hay vencedores y vencidos, héroes, villanos y gente que pasaba por ahí, figurantes necesarios, daños colaterales. Ayer se rezaba por la posesión de una trinchera, hoy se suspende el alma por un penalty o una bola de partido. La diferencia: a los derrotados se les ofrece la oportunidad de llorar y no sólo de ser llorados. Ayer Federer, mañana Nadal. "Esto me está matando", dice el suizo y el español responde que "cuando ves al rival así, a un compañero, disfrutas un poco menos de la victoria".


A Phelps le descubren fumando marihuana y le llaman "tonto", como si a Aquiles no se le permitiera tener vicios. La voz del pueblo, siempre tan irreprochable. Pero Phelps sólo debería responder ante Phelps, él es su equipo y si se descuida descuida sólo su victoria, no la de los demás. ¿Y el ejemplo para los niños? Al parecer (de los medios) Phelps no es el ejemplo sino el que debería seguirlo: comer fruta y marcharse a la cama temprano. Cuenta la leyenda que los árabes conquistaron la península porque al rey de los visigodos, don Rodrigo, el ataque le pilló follando. Al final, la derrota siempre la escriben los hombres con nombre de mujer: Eva, Caba, María.



1 de febrero de 2009

Cinco cosas sobre Laura



A veces se planta ante el mundo entero, cruza los brazos y con un "vosotros os pensáis que..." me manda a sus afueras, a las que sin remedio pertenezco.

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Es un animal de manada pero no suele aprovecharse de las ventajas de la cooperación. Casi nunca pide ayuda y cuando lo hace utiliza la forma menos habitual de todas: la pide sin más.

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Ella piensa que su perra sería más feliz sin su dueña y en libertad. Yo creo que la felicidad consiste, tanto para las personas como para los animales, en tener todas las necesidades cubiertas. Lo que pasa es que nos gusta pensar que ellos tienen tantas como nosotros y ni de lejos.

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Dice que no me reconoce en las conversaciones que publico. Debe creer que me conoce lo suficiente como para considerarme previsible. Sin embargo, yo también soy lo que no se espera de mí. Afortunadamente, supongo.

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Aunque ella a veces piense lo contrario, Laura me encanta no a pesar de sus opiniones sino por ellas y no porque sean suyas (que sería ceguedad, por otra parte justificada) sino porque de verdad parecen suyas. Aprecio sus pensamientos más allá de si estoy de acuerdo o no con ellos, y los aprecio porque tengo la certeza de que parten de una verdad que yo, conscientemente o no, he ocultado bajo el peso de mis propias verdades. Me gusta pensar que lo razonable está entre su razón y la mía, en esa normal abstracta a la que se aproximan nuestros errores independientes.

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