7 de marzo de 2009

Escandinavia



Aquel niño tendría unos 10 o 14 años y su vestuario habitual para estar por casa consistía en un pijama rojo bastante abrigado y un batín marrón con los bolsillos llenos de caramelos de menta y envoltorios. El resto de recuerdos transcurre entre ensaimadas y leche caliente para desayunar, una película sobre un dragón bueno y la piel suave de un perro que aún no se había hecho viejo.

El tío de aquel niño, el hermano de su madre, tenía en su habitación muchas cosas divertidas. Además de la cadena musical con tocadiscos, de los álbumes de fotos, de los prismáticos, del reloj de arena, de los cómics de Mortadelo y Filemón, del globo terráqueo, de las diapositivas o de la colección de sacapuntas, había un montón de revistas sobre lugares lejanos, que son los lugares de los que suelen tratar las revistas. A veces el niño cargaba con todos esos lugares y los hojeaba uno a uno con la curiosidad del que apenas ha salido de su casa, que tampoco es mucha. Allí estaban, a pocos centímetros de distancia unos de otros, la pampa argentina, las orillas del Ganges, los templos de Lhasa, la ruta 66, los desiertos antárticos... Curiosas porciones de un mundo curioso que, a pesar de su belleza, no era en absoluto el de aquel niño de batín marrón, ni siquiera un mundo que desear o al que aspirar, pues sólo aspira y desea quien ha adquirido la conciencia de que nada hay que pueda postergarse eternamente.

Entre el montón de revistas tenía una favorita. Era un especial sobre Escandinavia y si aquella revista era la única que el niño miraba a escondidas y con algo de culpabilidad no era porque le avergonzase contemplar el paisaje boreal o la cultura guerrera de los vikingos, sino porque en la portada aparecía una mujer desnuda. Por supuesto, nunca había besado a una mujer y puede que ni siquiera fuera consciente de que podía hacerlo, pero en aquella desnudez ese niño intuía algo misterioso y fascinante que todavía no entiende ni sabría explicar, por mucho que lo intente.


6 de marzo de 2009

El cuadernillo naranja (5)



Los sonidos son los mismos, pero a las siete de la mañana todo suena diferente. El despertador, el agua en la ducha, la maquinilla eléctrica, el maletín que se cierra, los coches en la calle... Es el mundo de los adultos, ese mundo que desgasta el espíritu y deja moratones en las piernas. Yo lo escucho desde mi cama y nada me incita a incorporarme.

***

Los valencianos no sabemos ni robar. Dice Garzón que a Camps le sobornaron con 12.783 euros en trajes de Milano. Teniendo en cuenta que en esa tienda no pasan de 300 euros, debieron ser un montón de trajes. Ya se lo podía haber currado el tal Correa. Yo qué sé, Hugo Boss o Versace. En Cataluña a un tipo le concedieron más del doble de dinero por un informe sobre el seguimiento de la concha brillante y a Touriño el coche blindado le costó más que a Obama el suyo. Si es verdad lo de los trajes, Camps debería dimitir por cutre.

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Palabras que no me gustan: cenefa, somier, canapé, búcaro, sinfonier, camafeo, estor, bocacalle, rodapié, jumento.

***

Curiosa crítica de "The reader" encontrada porái:

weno el sabado vi el lector y la verdad k esperaba otra cosa , los 50 priemeros minutos parece una porno , k no ta mal pork la winslet sale medio decente ,pero se enseña demasido para mi gusto del tio , weno a lo que voi la peli en general esta bien aunk el argumento de como empieza su relacion es algo demasido fantasioso y sino k alguien m diga donde pasa eso para ir ,y ademas el final es nose ami m falto algo ,la interpretacion de kate mu buena aunk un poko fria pero kizas el personaje l rekeria , otra cosa es los flack bakes k nose sabe en k año estan , todo un poko lioso la verdad y el malo de la lista de shiler sale 2 veces en la peli asink nose verla y m kontais.

***

A Laura le gusta Imitation of Life, y ahoga sus tristezas de estanque congelado con limonada, canela y jacintos de agua, pequeñas grandes cosas que imitan lo que debería ser. Ahora se ha comprado una piscina, que parece cálida y de colores y que ojalá lo sea para que pueda hacer en ella todos los largos que quiera con su mp3 subacuático.



5 de marzo de 2009

Pulsión







Toda superficie deviene en susceptible
de ser tu piel bajo mis dedos que te buscan
en la pared uniforme y la almohada silenciosa,
en la arena incontable y la moneda vana,
en el cristal lento y la tabla candente,
en el tallo coronado y el agua viva,
en el filo abismal y las páginas amantes,
en otras pieles y en la mía tensa,
trasunto y pulsión de tu placer entrecortado.



-Fotografía de Manuel Velásquez.


Dos formas de insomnio



¿Qué es el insomnio?
La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta.
Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, es ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse culpable de velar cuando los otros duermen, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa.

¿Qué es la longevidad?
Es el horror de ser en un cuerpo humano cuyas facultades declinan, es un insomnio que se mide por décadas y no con agujas de acero, es el peso de mares y de pirámides, de antiguas bibliotecas y dinastías, de las auroras que vio Adán, es no ignorar que estoy condenado a mi carne, a mi detestada voz, a mi nombre, a una rutina de recuerdos, al castellano, que no sé manejar, a la nostalgia del latín, que no sé, a querer hundirme en la muerte y no poder hundirme en la muerte, a ser y seguir siendo.


Jorge Luís Borges (1981)

4 de marzo de 2009

Desconocida


Dos figuras en el bosque (Van Gogh)






Qué locura sería,
qué locura llamar
a cada puerta
y pronunciar tu nombre
en cada casa
de tu extraña ciudad
desconocida.
Y qué locura,
qué locura sería
dejar de hacerlo
y vivir como un loco
que se cree cuerdo.



Hacia Rusia con amor

La política exterior española da, por fin, sus primeros frutos.

Así deberían de ser todos los acuerdos.



The reader



Lo que me molesta del cine español no es que salgan culos y tetas, por muy a destiempo que salgan y suelan salir, sino que siempre que sale un culo o una teta parezca que se esté haciendo por transgredir o por provocar. Los desnudos-protesta, esos desnudos que no se hacen por alguien sino contra alguien, podrían tener sentido en la época del destape, pero a casi tres décadas de aquello muchos directores españoles deberían madurar un poco y empezar a tratar el curpo humano como una cosa normal y no como una perversión. Deberían limpiarse la mirada antes de pretender limpiárnosla a los demás.

En "The reader" Kate Winslet sale desnuda casi la mitad de la película pero, al contrario de lo que se suele ver por aquí... Perdón, al contrario de lo que se suele subvencionar por aquí, su cuerpo desnudo no justifica la película sino que es la película la que justifica su cuerpo desnudo. Y es un cuerpo hermoso, como la historia que cuenta cada centímetro de su piel y cada segundo que tiembla, ofreciéndose para sobrevivir.



3 de marzo de 2009

Insuficientes



-Burt Lancaster y Ava Gardner en "Los Asesinos".




No sé qué tiene que no me basta
el diamante eterno o el secreto de una noche,
la palabra exacta o el olvido de mí,
la realidad del sueño o viceversa,
la lluvia que transmite o borra el pecado,
la certeza de ser o el vértigo de estar,
el suspiro inmóvil o la estrella libre.
No sé qué tienen, pero no me bastan
si no te contienen y me acercan a ti.



El cuadernillo naranja (4)



Hoy es el cumpleaños de mi madre. A las siete menos cuarto me he levantado para hacer pis y ella me ha llamado desde la cama para que la felicitase. Le he dado un beso en la frente, le he cantado un par de tonterías y le he dicho que cada día está más guapa. Ella se ha burlado, pero es que ni la verdad basta para contentar a una madre que, por cierto, yo no la imagino mejor.

***

Tres millones y medio de parados. De una Valencia ideal con toda la población trabajando en septiembre hemos pasado a una Valencia terrorífica con toda su población parada en marzo. Un millón en seis meses. Por suerte mi puesto de trabajo no corre peligro, porque no tengo.

***

Hoy he soñado que me clavaba cristales en la mano y el dolor era tal cual de cristales en la mano.

***

Acabo de leer la carta que le escribí a Laura el día de su cumpleaños y está claro que no era una carta para ella. Al menos en un 90%. No es que lo que dije no fuera verdad, pero era una verdad pensada para compartir, que siempre es menos. Hay algunas frases que no recordaba haber dicho y que me gustan. Otras, la mayoría, hoy me hacen sonrojar por el modo en que las dije. Todo es más sencillo y mejor que eso.


2 de marzo de 2009

Comics: una pérdida de espacio


Desgraciadamente, no me gustan los cómics. Desgraciadamente, porque lo he intentado muchas veces y porque quienes lo han conseguido (si es que eso se consigue por insistencia) dicen maravillas de su afición.

Yo lo he intentado con superhéroes, con galos invencibles, con periodistas con perro, con agentes de información, con animales parlantes, con monstruos bienintencionados, con universitarias ninfómanas, con ninjas arrepentidos, con gente normal que de repente... Pero nunca, jamás, me he emocionado más allá de puntuales sobresaltos espasmódicos (y placenteros) cuando el libro era, sobre todo, herramienta.

Los cómics me parecen una pérdida de espacio y un esfuerzo inútil, un arte esclavo de una naturaleza incompleta que transcurre entre unas palabras incapaces de decir más que las imágenes y unas imágenes incapaces de ir más allá de la realidad. Literatura sin metáfora y cine sin movimiento.

Quino, por supuesto, no está incluido. Lo suyo no son los cómics sino la poesía.



1 de marzo de 2009

La verdadera historia de cómo conocí a Laura y por qué (2)



Dicen que es una mujer seria, pero se equivocan. Su estado base no es la seriedad sino la expectación, actitud que origina el resto de sus actitudes, incluida la seriedad. No sonreía, pero tampoco estaba seria. Tenía ese aura de mujer sola que, más que mostrarla, despierta la melancolía y la curiosidad de ver, tocar y sentir todo aquello que no puede ni verse, ni tocarse ni sentirse en la distancia positiva. Un cuerpo que se añora incluso antes de perderlo.

Se estaba terminando el último cubito y yo, por el camino más largo, me fui a la barra a por la tercera. La chica morena no medía metro noventa, pero al estar a su lado la impresión fue como si los midiera y superase. ¿Cómo sonaría su voz? Le enseñé mi vaso dos veces porque a la primera no me vio y, haciendo sonar los hielos contra el cristal, probé fortuna, que es como los supersticiosos llaman a la suerte:

-Si quieres te doy los míos.

Se rió. Movió la cabeza. Volvió a su melodía. Insistí.

-De verdad que... No sé qué tengo que hacer para que las mujeres accedan a chuparme los hielos.

Se volvió a reír. Movió de nuevo la cabeza.

-Supongo que mucho más que ofrecérselos -dijo, y entonces la conversación recién estrenada se convirtió en un curioso debate acerca de los conceptos de voluntad y capacidad y sobre cuál de esas dos facultades tenía preponderancia sobre la otra.

Yo, por supuesto, tomé partido por la voluntad y ella, sin duda, defendió la capacidad. Es decir, cada uno la postura que más nos beneficiaba. Al final no recuerdo a qué conclusión llegamos. Probablemente a ninguna y posiblemente a todas. Le deseé buenas noches y la llamé guapa. Ella me deseó buenas noches y me llamó tonto. Desde entonces nos hemos encontrado más adjetivos. Sobre todo ella. Yo sólo cinco o seis, incluido éste que hoy le regalo y que puede que sea el mejor de todos: Laura es una mujer normal. Quizá la más normal de entre todas las mujeres.


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