Fragmentos
Hasta que uno de esos tipos melodramáticos, vanidosos y culones no alambra un territorio y empieza a nombrar lo que encuentra, los paisajes y los hombres divagan por allí como braceros sin trabajo. Después del paso del escritor el asunto cambia: el lugar cobra sentido, se enciende y se anima como si alguien hubiera puesto en marcha un teatrillo. Y a partir de ese momento hasta las piedras tratan de parecerse a las piedras de los libros.

Por decirlo de la manera que con toda seguridad más le habría molestado, creo que [Henry James] era un reaccionario permanente. Cada vez que me lo encontraba, siempre daba más la sensación de venir de algún sitio que de dirigirse a algún lugar.

Una prueba maravillosa de la subjetividad miserable de los seres humanos, que hace que éstos lo refieran todo a sí mismos y pasen desde cualquier idea a sus propias personas sin solución de continuidad, lo proporciona la astrología, que retrotrae el movimiento de los grandes cuerpos celestes al pobre yo, y vincula los cometas con las trifulcas y necedades terrenales.
(¿Y no será una muestra evidente de autodesprecio que el hombre haga recaer la responsabilidad de su destino en el movimiento de unas rocas flotantes, por muy grandes que sean estas?)

Després d'haver escrit aquestes coses, sento una sensació de tranquil.litat. Què ho fa que, quan tinc una cosa que em preocupa i l'escric, la preocupació -en gran part i almenys momentàniament- se me'n va? Puerilitat!









