Siempre tomo el camino más largo para volver a casa cuando estoy de buen humor. No es que tema agotarlo allí, pero el humor doméstico tiene su propia categoría. Hoy era un día de esos así que en vez de ir a la parada de autobuses de El Corte Inglés para coger el 8 me decidí por el 29 de las Torres de Serrano. Fui por la calle Comedias, pasé por la plaza de San Vicente Ferrer, subí por la calle Caballeros, torcí por la calle del Palau y llegué hasta la Catedral. La gente salía de misa y con ella el olor a incienso y santidad. Debían ser las ocho y media, las primeras oscuridades de la noche, y el color amarillento de las farolas daba a la piedra su familiar pátina de irrealidad antigua. En la Plaza de la Almoina un fotógrafo le hacía un reportaje a una pareja de novios treintañeros. La novia llevaba un bonito vestido color crema y sonreía como si tuviera ganas. Al pasar por su lado lo que menos me esperaba de ella (guapa, elegante y perfectamente contextualizada) era que soltara una estupidez... Pero la soltó para escarnio del costumbrismo.

De la Bardot apenas sé lo poco y bueno que dicen sus viejas fotos. No conocía sus simpatías juveniles por la extrema derecha pero, teniendo en cuenta al personaje, tampoco era necesario saberlo y, además, no deja de ser inquietantemente afable que pretendiera extender a toda su raza las evidentes perfecciones de su ser. Acaba de cumplir 75 años, han inaugurado una exposición para celebrarlo y ella ha decidido no acudir al evento quizá para evitar comparaciones. El periódico, que no puede evitarlo, publica uno de esos "antes" y "después" tan poco amables con el tiempo.
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De la Bardot apenas sé lo poco y bueno que dicen sus viejas fotos. No conocía sus simpatías juveniles por la extrema derecha pero, teniendo en cuenta al personaje, tampoco era necesario saberlo y, además, no deja de ser inquietantemente afable que pretendiera extender a toda su raza las evidentes perfecciones de su ser. Acaba de cumplir 75 años, han inaugurado una exposición para celebrarlo y ella ha decidido no acudir al evento quizá para evitar comparaciones. El periódico, que no puede evitarlo, publica uno de esos "antes" y "después" tan poco amables con el tiempo.


