7 de noviembre de 2009

Los filólogos y las ratas




La información que la universidad de Valencia ofrece a sus clientes y usuarios suele estar escrita en valenciano y en castellano, bilingüe como mandan "desde arriba". Sin embargo, en los últimos tiempos empiezan a ganar terreno los carteles monolingües en valenciano, ya sea para avisar sobre reuniones, exámenes, cursos, charlas, cuidado con los ladrones o usar las escaleras ahorra energía. El extremo contrario, es decir, el de los carteles escritos únicamente en castellano, es un fenómeno de baja estofa y habitualmente lleva la protesta grabada en boli por encima con el acompañamiento de alguna que otra proclama literaria.

Estos carteles "feixistes" rara vez llevan el sello de la universidad y sus autores suelen ser las limpiadoras, los bedeles, los de las fotocopias o cualquier otro empleado de la universidad que necesita comunicar algo y no dispone del tiempo (ni, probablemente, de las ganas) para adaptarse a la normativa lingüística vigente en la institución. La urgencia obliga a desentenderse de la oficialidad y, despojándose de caracteres limpios, de papel satinado, de redundancias y de ribetes con leyendas latinas, la comunicación pasa a ganar en solidez y eficacia.

Por todo esto sorprende la limpieza, la extremada limpieza, tanto física como sintáctica, tan anheladamente institucional, de los carteles colocados en los bajos de la facultad de filología:


AVISO

Se ha detectado la presencia de ratas en el semisótano de esta facultad.
Suponemos que ello es debido a que las ventanas, en ocasiones, permanecen abiertas.
Si tú impartes docencia en estas aulas, te ruego colaboración para que se mantengan cerradas al finalizar las clases.



Este es un cartel digno de sostener a toda una generación de filólogos.

Mis felicitaciones a las ratas.


6 de noviembre de 2009

Nómadas





Estas personas no sienten ningún apego al lugar en que se hallan. Pronto se irán de aquí sin dejar rastro. En sus canciones, que entonan en las noches, siempre se repite el mismo estribillo: “¿Mi patria? Mi patria está allí donde llueve.”


RYSZARD KAPUSCINSKI. Ébano.


5 de noviembre de 2009

Hostilidad




A veces por la calle de la Nau –calle de galerías de arte, librerías de viejo, bares de cinquillo y gente trajeada- se desliza un olor a incienso caro. Procede de la Iglesia del Corpus Christi, llamada del Patriarca, que es también seminario y forma una de las cuatro esquinas de la Plaza del Patriarca, situada a espaldas de la Universidad. El edificio tiene formas de cárcel antigua, con rectas largas, duras y pesadas, y un imponente color de barro que no desaparece ni en los peores días de sol. A su lado la fachada de la Universidad, con sus amables esculturas de los Reyes Católicos, del Papa Alejandro VI y del rector Vicente Blasco (fundadores y refundador de la institución), provoca el mismo contraste, pero a gran tamaño, que el ruidillo juguetón de su fuente forma con las voces y los silencios solemnes que salen de la Iglesia.

La plaza del Patriarca es uno de mis lugares favoritos de Valencia. Allí parece que el aire nuevo y compacto de la mañana, tan húmedo y hostil, se destensa para volver a agruparse al caer la tarde, uniendo millones de átomos en una única y apetecible luz crepuscular. Más arriba, pero en la plaza misma, está la cervecería Guinness y esta mañana, en una de sus mesas, me esperaba Paula, tan alta y rubia como corresponde a su estirpe irlandesa. Al llegar le enseño los apuntes que me había pedido y, después de una rápida mirada a las tres primeras hojas, me comenta que, definitivamente, se los queda. No hay de qué. Hoy por ti mañana por mí. Y luego la confesión: ya no está con Raúl. Sorpresa. ¿Cinco años? En fin... Son cosas que pasan.

-Pero dime... ¿No te molestaba que fuese más bajito que tú?

-No. A él un poco sí y eso a veces me molestaba.

-Se ve que la molestia es contagiosa.

-Mucho. Y lo curioso es que estoy segura de que no se molestaba por él sino porque daba por sentado que a mí me molestaba.

-Qué cosas.

-Yo lo digo muchas veces: no basta con tener buenos sentimientos. Además de buenos tienen que ser verdaderos.

-Vale, pero es que si no son verdaderos no pueden ser buenos...

-Son buenos porque tienen buena intención. Lo que pasa es que no se corresponden con la realidad. Si yo te digo que no me molesta y tú sigues empeñado en que me molesta es que nos falta algo.

-¿Confianza?

-Sí, puede ser.

-Eso me pasa a mí con algunas personas, que tiendo a creer que sé lo que piensan más que ellas mismas.

-Ya, pero es que tú eres tonto.

-Seguro que tú no piensas eso...

-Anda que no.

3 de noviembre de 2009

Paganos




No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.

Lucas 20, 38.



Dice la jerarquía católica que lo de esparcir las cenizas de los difuntos es un rito pagano... Y lo dice como si lo suyo no lo fuera, como si el culto a las imágenes o la adoración de las reliquias, como si las procesiones o las aspersiones, como si la orientación al Este de los templos o las romerías, como si las lápidas o los cementerios tuviesen algo que ver con el cristianismo original.

“Pagano” viene de “pagus”, esto es, de “campo” y para extenderse por el campo la Iglesia tuvo que adaptarse a las creencias de tipo naturalista de los campesinos. Se adaptó y, mimetizándose, se apropió de ellas como quien aprende un nuevo idioma al llegar a un país extraño. De este modo el mensaje original cristiano, que en su origen era un mensaje marcadamente intelectual, de carácter ontológico y ético, se llenó de prácticas y de ritos cuya única finalidad era la de tratar de hacerse comprensible, accesible y, a fin de cuentas, necesario para la gente humilde del aquí y del ahora, de la confianza sensible y del auxilio inmediato. Y por este camino se llega al rosario y a la estampita.

Dice la jerarquía católica que lo de esparcir por las cenizas de los difuntos es un rito pagano pero dicha opinión ofrece dudas. En primer lugar porque ese rito está más próximo al desentendimiento de la carne propuesto por el cristianismo que lo que pueda estar la “convivencia” esperanzadora en el cementerio. Y en segundo lugar porque si viene de alguna parte la expansión de dicha costumbre es de la tele, producto típicamente urbano, y de esas películas que acaban con las cenizas de Fulano flotando en el mar o en el trigal donde jugaba cuando era pequeño.

En realidad, la jerarquía católica llama “paganismo” a lo que las compañías discográficas llaman “piratería”, esto es, a la pérdida de beneficios. Paganos son los que no pagan. Tanto para la Iglesia como para sus compañías anejas lo de esparcir cenizas tiene poca rentabilidad: no necesita nicho, ni lápida, ni féretro, ni coros, ni misas votivas, ni cirios, ni flores, ni unos de noviembre. Y teniendo en cuenta que el servicio fúnebre completo suele costar entre 2.000 y 12.000 euros y que buena parte de la naturaleza es de libre acceso para los vivos y para las cenizas, ¿qué necesidad hay de honrar el espíritu de los muertos en la podredumbre que nos dejan?


2 de noviembre de 2009

El cuadernillo naranja (37)




Póngase a un individuo en silla de ruedas en mitad de un gentío y obsérvese cómo, pasados unos segundos e impulsada por una necesidad de orden superior –esto es, por el instinto-, la mayoría de personas de dicho gentío comenzará a hablar sobre escaleras y ascensores estropeados. La empatía, la compasión y el egoísmo tienen océanos de literatura comparada y basta con que uno de estos conceptos aparezca para que los demás queden conjurados al instante. Ante la visión de la silla de ruedas y del individuo condenado a ella, uno puede sentir compasión y lamentarse por la esclavitud del hombre con respecto al objeto o con respecto a la fatalidad, a ese futuro que bien pudiera haber sido de otra forma. La vara de medir, la leyenda que nos hace comprender el ideograma, no puede ser otra que nosotros mismos y esa capacidad empática de ponernos en la piel del otro y de apropiarnos así de su sufrimiento, de su dolor y de su frustración a partir del sufrimiento, el dolor y la frustración que alguna vez hayamos podido sentir en nuestras vidas: el ascensor estropeado. La desgracia siempre llama a la desgracia y la visión de la calavera ajena es también la visión de la propia. ¿De quién nos compadecemos realmente?

***

Como esos depredadores que para cazar llevan a sus víctimas a su propio terreno -el que más conocen y donde mejor se mueven- los directores de tesis intentan que amplíes aquellas partes que más controlan para, más tarde, echarte el zarpazo disintiendo de tus conclusiones o demandando aún mayor profundidad. Con tal de no cambiar sus respuestas no les importa pedir que cambies tus preguntas.

***

Me decía M. que hay pocas cosas más íntimas en la vida que prepararse uno la leche para desayunar. Es cierto. Hace unos años descubrí que beber leche me revolvía las entrañas pero antes, cuando aún era inmune al paso del tiempo, conocí y saboreé la intimidad de la cucharilla. Despiertas, te desperezas del sueño y lo primero que haces es lo mismo de todos los días, casi sin pensarlo o con ese pensamiento que es más físico que intelectual, como de niño que aún no acaba de nacer y patalea. Cualquier cosa que hagas en ese momento adquiere, a base de impulsos constantes e involuntarios (o "desvoluntariados"), el rango de ritual: el desayuno, la ducha, el afeitado... Son mecanicismos que no requieren el esfuerzo de lo original y que, por eso, se disfrutan a ras de piel, con ese temblor cálido que tienen los actos repetitivos desde lo alimenticio hasta lo sexual.


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