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Mi hija mayor volvió a Madrid con su familia el mismo día del entierro y la pequeña, que por aquel entonces acababa de tener una discusión muy fuerte con su novio, se quedó unas semanas conmigo en el pueblo. Sara me ayudó a arreglar los papeles de la herencia, a ordenar la casa -que se había convertido en un desastre durante los últimos meses- y a deshacerme de muchas de las cosas que la muerte de Nuria había dejado inservibles. Algunas se las quedó ella, otras las donamos a la parroquia y el resto, la mayoría, las llevamos una tarde al vertedero. Durante aquellos días vinieron todos los vecinos a visitarnos. Todos a excepción de la pobre María, que estaba en cama y que por lo avanzado de su Alzheimer no podía entender que su amiga Nuria había muerto. Cuando fuimos a verla su hijo Tomás nos acompañó hasta la habitación. Sara permaneció un buen rato a su lado, contándole cosas sobre la vida en la capital, sobre su trabajo y sobre lo bonito que había encontrado el pueblo después de tantos años. Al despedirse la acarició, la llenó de besos y le hizo la promesa de volver al día siguiente, a solas, para hablarle de su novio y de lo alto y guapo que era. Mi hija se marchó a principios de verano. Primero se fue a Mallorca, ya con su novio, y después regresaron juntos a Valencia.
Desde que me quedé solo dediqué mis horas, fundamentalmente, a la librería. Siendo Benavente un pueblo en torno a los 40 o 50 habitantes -dependiendo del año y de la estación- y cuya edad media supera los cincuenta y pico años, quizá llamarla librería resulte excesivo pero así es como estaba escrito en el cartel de la casa desde los tiempos de mi abuelo. Tiempos buenos, mejores, al menos para el negocio. La mayoría de los libros databan de aquella época, otros eran de segunda o tercera mano y el resto, un par de ejemplares al año, novedades que iban directamente a casa de Julia, suscriptora de una revista mensual de literatura y principal cliente de la casa.
5 comentarios:
Vaya vuelvo y veo (y leo) que te has dedicado al relato y que además la cosa se te da francamente bien como no podía ser de otra manera :-)
Un gusto estar de neuvo por aquí. Saludos
Gracias JLin y bienvenido. Espero que ese viaje a Phoenix (que para mí siempre será la ciudad de Charles Barckley) haya sido muy agradable. :)
Me ha pasado como a JLin. Aunque me fui antes que él y de hecho volví antes de que se fuera, sí he estado fuera de los blogs un tiempo y no me esperaba esto, aunque me ha gustado. Tendré que ponerme al día con los relatos anteriores
Promete
natsnoC: el caso es que he estado leyendo relatos de Roberto Bolaño y por cosas de mímesis me ha dado por ahí. A ver si para dentro de unos meses tengo para sacar otro libro, que le he cogido el gusto. ^^
ABC: lo prometo ;)
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