7 de abril de 2010

En el metro



-Ayer un hombre nos leyó un poema en el metro.
-¿Así sin más?
-Bueno, luego pasó la gorra.
-¿Estaba bien?
-¿El hombre o el poema?
-El poema.
-No sé.
-¿Te gustó?
-Bueno...
-¿Lo había escrito él?
-Supongo.
-¿Por qué?
-Porque lo tenía escrito en un papel.
-¿Qué edad tenía?
-Unos cincuenta.
-¿Iba desarreglado?
-No. Bueno... Normal.
-¿Le diste algo?
-Un euro.
-¿Lo sacaste del bolso o lo llevabas encima?
-Lo saqué.
-¿Y qué te dijo?
-Que gracias.
-¿Sonrió?
-No.
-¿No sonrió o no te acuerdas?
-Creo que no sonrió.
-Pues vaya.
-Sí.

6 de abril de 2010

Irracionalidad



Cuando se dice de alguien que tiene un "comportamiento irracional" es porque se le considera fuera de sí, loco, carente de una base sólida que justifique sus actos. Inmediatamente, a través de la fuerza o de las palabras, la sociedad le aplicará un remedio para que recupere el control, es decir, para que encuentre la razón perdida y pueda vivir civilizadamente. Locke, el gran defensor de la libertad de culto, no defendía, sin embargo, la libertad de no rendir culto. Una mentalidad atea, un comportamiento descreído, suponía para él situarse fuera de la sociedad y de la red de promesas, juramentos y complicidades que la conformaban. Para Locke el ateismo era irracional y, por tanto, incivil, de manera que no debía ser tolerado por las autoridades. Pero la irracionalidad no es previa a la razón, no es en absoluto una vuelta a las cavernas. Al contrario, la razón es la que crea el concepto de irracionalidad y la que le da sentido en el momento en que busca distinguirse de la naturaleza. El culto a la no-razón no surgió en el Paleolítico sino después del siglo de las luces. El romanticismo fue una reacción a las promesas y a los juramentos. Fue una oposición a pecho descubierto contra las complicidades de una sociedad que sometía a los individuos y que los limitaba a unas reglas de comportamiento tendentes a ocultar su condición animal, sus instintos y sus pasiones. El romanticismo quiso devolver a los hombres las cualidades que la ilustración, al explicarlas, les había sustraído. El romanticismo quiso vivir la vida que la ilustración se había limitado a verbalizar.


5 de abril de 2010

Avenida de Francia






Antiguas me parecen hoy las voces
nuevas. La luz usada en el vacío
estéril de planetas desolados.
Sin rumbo el tiempo. Quieto el precipicio
que atrajo formidable la inconstancia.
Vulgar repetición de pasos falsos
me lleva a aquel lugar donde solías:
la verja negra, el jardín soñado,
el banco de la noche en que me amaste.
No hay nada. Ya no queda ni la brisa.
Tu olor se resolvió en lamento vano
y mi prisión espera a consagrarse
al fuego de otro dios inoportuno.


4 de abril de 2010

Cartes de lluny




Los domingos suelo comprar alguna revista de viajes, cualquiera, dependiendo de los cambiantes destinos que me ofrece la estantería. Mis lugares preferidos son aquellos que están intensamente humanizados (como Nueva York, Praga o Roma) o aquellos en los que la naturaleza domina por completo (como la Patagonia, la Antártida o Groenlandia). Cuando la humanidad y la naturaleza conviven en régimen de igualdad la mezcla deviene, inevitablemente, en contaminación.

Con la revista en mi poder, el particular estatismo de los domingos parece quedar contrarrestado por la ilusión de la huida, por el deseo de nuevos descubrimientos y nuevas experiencias, por la imaginación de fascinantes lejanías. La espectacularidad fotográfica y la tentadora maquetación que hoy en día lucen este tipo de publicaciones –y que ahora normalmente incluyen algún tipo de material audiovisual- hacen que, una vez intuidas las emociones, estemos deseando llegar cuanto antes a casa para dejarnos caer en el sillón y emprender la aventura.

Pero entonces sobreviene el desengaño. A las pocas páginas, una vez que nos sumergimos en los grandes reportajes, observamos con pesar cómo a los indudables avances técnicos en materia editorial se les ha unido -para anularlos parcial o totalmente- una prosa privada de emoción, carente de empatía, unas redacciones escritas en blanco y negro o, peor aún, en un gris inalterable y estático como el de los domingos que pretendíamos evitar. El gran problema de los redactores estriba, por lo general, en su miedo al lector, a un lector a quien se tiene por crítico en vez de ofrecerle la confianza del acompañante. Las frases se despueblan de adjetivos y se llenan de "quizás", de presentes e imperfectos de subjuntivo, de melindres, en fin, que pretenden subrayar la evidencia de que no todos sentimos lo mismo ante las mismas cosas, de que el paisaje no habla a todos por igual.


Cartes de lluny, de Josep Pla, en las páginas gastadas de la vieja edición de Destino (Obres Completes 5, El Nord), ofrece con su escritura personal una contraposición a la notarial escrituración de las revistas actuales. Aquí no hay realidad sin adjetivo. Aquí no hay imagen sin color. En este viaje, compuesto por distintas crónicas realizadas entre 1920 y 1938, el escritor ampurdanés nos acompaña en un trayecto que atraviesa Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega y Suecia, y en cada una de sus paradas nos invita a compartir y a degustar sus experiencias. No las nuestras, no las que quizá podamos alcanzar algún día, sino las que él, reclamando nuestra complicidad, nos ofrece de primera mano: las comidas que le gustan o le disgustan, las costumbres que aprecia o que desprecia, los ambientes que disfruta o que padece. La botella de vino de Borgoña “tocada de la voluptuositat del robí”, la somnolencia “bovina i espessa” de Copenhague, el “progrés sorollós” que en Estocolmo devasta “el misteriós, extàtic silenci antic” de los países del Norte... La lírica descriptiva de Pla, que nos descubre las mil imágenes que palpitan en la intimidad de cada uno de sus nombres.


3 de abril de 2010

La fiesta de Kihundu





Dame a oler el aliento de tus párpados.
La crisálida fértil de tu boca
ábreme. Responde a la llamada
que tu carne ha requerido
para el rito portentoso
bajo el árbol silente de mis padres.


2 de abril de 2010

El cuadernillo naranja (56)

Cuando he ido a comprar esta mañana he visto cómo descargaban el pescado fresco, aún vivito y aleteando dentro de las cajas. Y digo yo, ¿por qué no harán lo mismo en las carnicerías? Sería digno de ver: esas gallinas moribundas perdiendo sangre, esas vacas a medio descuartizar, esos cerdos gritando y revolviéndose entre sus tripas recién esparcidas por el mostrador...

***

Jesús Sánchez, profesor de latín y mejor persona, tosió un par de veces y con su voz grave y autoritaria nos dijo:

-Coged el diccionario, pedidle perdón y arrancadle las páginas de gramática.

El crimen cometido contra el libro evitaba el crimen de copiar en el examen. No se escucharon protestas.

***

La contradicción es un hecho lingüístico y necesita pronunciarse para que se dé. Por eso no hay contradicción en lo que sucede al margen de lo humano, en lo que permanece más allá de nuestras fronteras: el árbol que cae en silencio, el árbol que no se piensa, el árbol que no se reconstruye con las palabras. Hay algo de policial en todos nosotros y es que estamos siempre al acecho, levantándole actas a la realidad como si no existiese aquello que no pasa a través de nuestros filtros. De ahí los silencios incómodos, que nos vuelven invisibles incluso para aquellos que dicen amarnos.

***

Una de las grandes diferencias entre el Norte y el Sur es el distinto resultado que suele ofrecer el gregarismo. En el Norte se juntan tres o más personas y te montan una empresa. En el Sur te organizan una mafia.


1 de abril de 2010

De vuelta






En mis ojos de entonces la recuerdo
ahora, tal y como la quería:
la piel atravesada, irascible
la sed, vergüenza de lo necesario
en las horas de invierno.


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