6 de mayo de 2010

Equivocaciones


El que tiene boca se equivoca. Rectificar es de sabios. Estas dos frases resumen el espíritu postmoderno: un espíritu más dispuesto a repartir la culpa que a compartir el éxito.

***

Las esponjas no limpian los pecados pero el tiempo sí remedia las equivocaciones.

***

La equivocación es algo tan vulgar que he decidido no volver a equivocarme nunca.





5 de mayo de 2010

La casa sin espejos






No hay espejos en mi casa.
No hay cristales ni metal.
Mi vajilla y mis cubiertos
son de madera empañada.
Sólo el agua es mi enemiga
y mis manos imprudentes
que buscan al que no soy
en los surcos de mi rostro.


4 de mayo de 2010

Madres con mantilla




A colación de lo anterior, aquí va otra del Ministerio de Igualdad. Last but not least. De los productores de “Está vivo pero no es humano” y “El príncipe de Cenicienta debe morir”, llega a sus pantallas “Menos tetas y más carretas”, una campaña dirigida a erradicar la utilización de imágenes de mujeres como reclamo publicitario en las salas de fiesta. Para ilustrar la problemática, el Ministerio pone dos ejemplos y otro el periodista de El Mundo. Veámoslos:


1. La sala Arco (Alcázar de San Juan):


Laura Seara, directora del Instituto de la Mujer: “¿Qué tiene que ver la silueta de una mujer con el logotipo de una discoteca?, ¿qué insinúan con ello? Es una exhibición del cuerpo femenino sin ninguna relación con lo que se ofrece dentro, un uso sexista de la imagen de la mujer”. A esta soplapollez que delata el poco trabajo que tienen en el tal Instituto, el periodista añade algunas consideraciones de cosecha propia: “La A de Arco es la silueta de una mujer cuyas manos parecen atadas por encima de su cabeza. Las dos líneas verticales de la A son las piernas de la chica y la transversal, un tanga bajado a la altura de las rodillas”. Como se puede observar, el periodista va incluso más allá que el Instituto de la Mujer y donde hay dos muñecas superpuestas él observa una atadura y donde hay ropa interior él intuye un tanga. ¿Dónde vamos a parar?


2. La discoteca Xantè (Elche):


Sobre esta imagen, Laura Seara afirmó que “denigra la imagen de la mujer” e “incita a pensar que en la fiesta se promociona o facilita otro tipo de servicio”. Vale. Todos sabemos que entre las capacidades de los pezones no se encuentra la auditiva, pero de ahí a sugerir que la chica se dedica a la prostitución hay un trecho. ¿Y no serán ese tipo de conclusiones ignorantes, infundadas y monjiles las que denigran “la imagen de la mujer”?


3. La sala Excalibur (Madrid):


Por si faltaban formas redondas, Rafael J. Álvarez redondea su artículo con el cartel de la fiesta que tendrá lugar el día 8 de mayo en la sala Excalibur de Madrid. Esta sala, comenta el periodista, “publicita el concierto de música de los años 70 que ofrecerá el próximo sábado con un cartel en el que se ve a una chica en presunta actitud sexual que se toca los pechos desnudos. La piel de mujer a seis euros.” Otro al que le sale barato llamar puta a alguien. Presuntamente.

Ante semejantes demostraciones de vicio y corrupción, la directora del Instituto de la Mujer concluye: “Es pura explotación de la mujer, una exhibición para atraer a la clientela masculina. Transmite a la propia mujer la idea de que su valor como persona es su cuerpo. Es muy habitual que las discotecas tiren de este tipo de reclamo. Así, la mujer queda como pura mercancía social, puro reclamo, no es dueña de su cuerpo. Se la cosifica y se desliza la idea de que las mujeres son fácilmente accesibles. Estas publicidades suponen un trato vejatorio. Que los responsables sepan que no vamos a dar tregua. Para el Instituto es una cuestión a batir”. Con semejantes argumentos alguien podría encabezar perfectamente una cruzada contra las minifaldas o los wonderbra. ¿Será lo siguiente? Atentos. La noche es joven y el Santo Oficio no descansa.


De pliegos a polvos



Es habitual toparse en las novelas de hace uno o dos siglos con parejas que decidían casarse después de su primer paseo por el parque. No es que los hombres de antaño no supieran lo que es el tempo o la estrategia... Lo sabían, tal vez demasiado bien, pero sucede que conseguir el contacto en aquel tiempo suponía avanzar la mitad del camino. La otra mitad se lograba embaucando a unas madres que, a modo de Pepito Grillo con mantilla, iban siempre colgando del vestido de sus hijas para evitar confidencias desvergonzadas y habladurías molestas. El honor y buen nombre de la familia (metidos a presión bajo el corsé de la niña) debían estar bien custodiados hasta el mismo momento de la boda, porque a aquellas pobres criaturas, analfabetas, ignorantes y tan manipulables como las ventanas de un convento, no se las podía dejar a solas sin la bendición sacramental. Sí, las cosas han cambiado mucho. Ahora el premio se consigue antes que la papeleta y el polvo mucho antes que el pliego en el alféizar. Las tapias altas se han transformado en faldas cortas y las madres, desnudas de mantilla, han pasado de controladoras a controladas, de manipuladoras a manipuladas. Tal vez lo peor de la inexistencia de normas es que se nos ha robado la capacidad de desafiarlas y la imaginación para vencerlas. Pero, en fin, tampoco vamos a quejarnos...


3 de mayo de 2010

Reciclaje





Me gusta esta alternancia semanal
de veranos e inviernos.
Cuesta malacostumbrarse.
Los días no se parecen unos a otros
-a pesar de sus noches idénticas.

***

La luna es mentirosa -dijo alguien,
al ver la paradoja de su ciclo:
parece una D cuando está creciendo
y una C si decrece. La mentira
de una luna que escribe en castellano.

***

Existen formas de engañar al cuerpo
y fingir que se sale con la suya.
Simulacros de piel y de conquista,
ilusiones de entrega y salvajismo.

***

Derrumbada y torcida
como una estatua de cartón mojado,
la anciana duerme o se muere
-qué sé yo, que estoy de paso
por los límites del parque.

***

Tan aparentemente inofensiva
y sólo ella es capaz de torturarme.


2 de mayo de 2010

El arte de los videojuegos



Hace tiempo, en el kiosco de un centro comercial, me asaltó la visión de la portada de una revista de libros por las esplendorosas, colosales y revolucionarias letras de un increíble titular:

EL ARTE DE LOS VIDEOJUEGOS

Una vez recuperado del shock (¡se llamaba arte a los videojuegos en una revista cultural!) busqué ansiosamente las páginas del reportaje. ¿Cómo era posible que algo como los videojuegos, hasta entonces considerado enemigo de la cultura, se hubiese redimido y, además, de un modo tan radical, llegando incluso hasta el extremo de acceder a las filas de aquéllos que un día le condenaron a las cavernas?

Cuando alguien juega a su consola no lee ni escribe libros, no contempla ni pinta cuadros, no ve ni graba películas de cine… ¿Acaso estaba asistiendo al nacimiento del Octavo Arte? Mientras pasaba temblorosamente las páginas de la revista en busca de mi propia salvación, me parecía vislumbrar el nuevo e idílico paisaje: madres obligando a sus hijos a jugar a la consola, programadores encumbrados por la historia, convenciones de expertos en las universidades, debates airados en el Parlamento… En mi sueño, llegué incluso a barajar nombres de musas para esta nueva y refulgente manifestación artística de la Humanidad. Los aficionados a los videojuegos podríamos salir al fin de nuestros refugios y corretear libremente en los verdes prados y los nítidos manantiales de la aceptación social.

Pero fue llegar al reportaje anunciado con letras de oro y caer, caer hasta el abismo, derrumbarme en lo más profundo con el ridículo simulacro de lo que una vez fueron mis alas de cera. Lo que tenían de artísticos los videojuegos no era su propia esencia, no era su propio esfuerzo por crear obras admirables. El arte de los videojuegos era, y sólo podía ser, un arte suministrado desde el exterior: préstamos de la literatura, homenajes al cine, inclusiones de música clásica… “El arte de los videojuegos” no se refería a lo que ilusamente quise creer. Los videojuegos no eran un arte en sí mismo sino que podían (como mucho) contener arte... Lo cual viene a ser como el arte de la carnicería, para el que únicamente se requiere cortar las pechugas encima de un cuadro de Goya. Una vez despierto y escarmentado de mi tonta fantasía, salí del kiosco y me dispuse a volver a casa, siempre a casa, allá abajo, al fondo de la caverna.


1 de mayo de 2010

Crimen






No fue un día cualquiera. El espejo
no mostró las imágenes del sueño.
Tú seguías dormida. Yo era el dueño
del puñal que brillaba en el reflejo.

Tu perfume impregnaba mis rincones
de fracasos, de hollín la perspectiva
de tu sexo arruinado en carne viva,
sepultura sedienta de ilusiones.

Mi delito ardería en tus entrañas
finalmente. El hielo de mi afecto
en tu pecho traidor se fundiría

como sangre que exudan las montañas.
No fue un día cualquiera. Fue perfecto:
tu muerte concluyó con mi agonia.


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