6 de noviembre de 2010

Cariño



De buena mañana, una mujer joven va por la calle empujando el carrito de su hijo de tres o cuatro años. Hace algo de frío y justo cuando paso cerca de ellos la mujer deja de empujar, se adelanta al carro, se agacha a la altura de su hijo y comienza a arreglarle ordenadamente la chaqueta. La estira por debajo, la recoloca por arriba y, finalmente, le da al niño un cálido y prolongado beso en su mejilla izquierda. Al apartarse los rostros, el niño mira extrañado a su madre:

-No te vayas -le suplica.

Ella sonríe.

-No me voy, cariño. Te he dado un beso porque me ha dado la gana.

5 de noviembre de 2010

Nosaltres, els meridionals




Hablando del Papa de Roma, un señor no islandés de nombre Artur se ha referido al sitio donde vivo llamándolo "región meridional mediterránea sin mucha personalidad". No le falta razón a Salvador Sostres cuando tilda a Mas de intelectual. La geografía la domina, no hay duda, pero también y a montones la ciencia histórica. Al ente administrativo que limita al Norte con Cataluña le falta mucha personalidad: no sabe si es el Reino de Valencia que fue, la Comunidad Valenciana que es o el País Valenciano que algunos quieren que sea. Existe un caso paradigmático sobre nuestra indeterminación en un pueblecito de la Ribera Alta que, dependiendo de si gobierna la derecha o la izquierda, se llama Villanueva de Castellón o Castellón de la Ribera. La vie c'est ondoyante.

Entre botiflers y maulets, entre el nacionalismo español y el nacionalismo catalán, la cosa valenciana se ha mantenido desde siempre (es decir, desde finales del siglo XIX, que es el siempre de todas las cosas nacionalistas) como un movimiento minoritario y espurio, como un ninot fallero constantemente debatido entre el indulto y la cremà. Las mayores glorias del valencianismo las consiguió don Vicente Blasco Ibáñez, que con la Unión Republicana ocupó durante algún tiempo un escaño y demasiados adjetivos en el Congreso de los Diputados. Para ilustrar su desconcierto he aquí una anécdota: dicen que en una ocasión, mientras Francesc Cambó o alguno de estos señores septentrionales daba una conferencia en el Teatro Principal de Valencia, el novelista irrumpió en la sala al contradictorio grito de "Que parle en espanyol!" Pues hasta ahí podíamos llegar...

Dice Artur Mas que el sitio donde vivo es una "región meridional mediterránea sin mucha personalidad". "¡Y a mucha honra!", le contestaría yo con un golpe en el pecho (en el mío, se entiende), si alguna vez me hubiese honrado de nacer donde quiso el azar. O el azahar, ay. La personalidad, como se desprende de las palabras del líder de Convergència i Unió, se tiene o no se tiene. Y ya que a los valencianos esa virtud nos ha sido negada desde lo alto tendremos que trabajárnosla individualmente. No sé, quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa...

3 de noviembre de 2010

La falsa empatía



Una tarjeta postal es un síntoma de soledad.

Graham Greene, en Nuestro hombre en La Habana (1958).


La falsa empatía repite al hombre que la siente, lo proyecta y lo multiplica en los otros hombres pero también lo proyecta y multiplica en los objetos, en la naturaleza o en Dios. De ahí la fijación del hombre por los recuerdos acumulados, su exagerada compasión por el resto de seres vivos o su obsesión por ese Dios bueno que nunca aceptaría la existencia del mal. "El hombre dice de Dios aquello que cree de sí mismo", señaló Feuerbach, y del mismo modo podría haberse referido a los locos que se creen Napoleón.

La falsa empatía repite al hombre que la siente: lo repite en la vieja postal, en la que se sentiría desgarrado si se desgarrase; lo repite en el árbol amenazado, en el que sangraría si se tallase; lo repite en Dios, en el que se perdonaría si le perdonase... Y, por supuesto, la falsa empatía repite al hombre en los otros hombres hasta el extremo de permitirle juzgar sus acciones y sentimientos en base a sí mismo, como un hombre libre de culpa con una piedra en la mano.

Aunque la empatía sirva de acercamiento, los demás no poseen ni poseerán jamás nuestros rasgos. El prójimo se define por proximidad, nunca por asimilación, y su lugar les pertenece por completo, en el espacio y en la conciencia. Ocuparlo supone un ejercicio de soberbia y de temeridad, un acto narcisista de invasión fraudulenta. Por eso, junto a la inscripción délfica del "Conócete a ti mismo" quizá debieron grabar esta otra: "Y quítate de en medio". La verdadera empatía -el amor, incluso- pasa por ver al otro en sí mismo, por arrancar los espejos que nos devuelvan nuestra propia imagen repetida.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...