
Con el calor han florecido las rayas blancas y negras. Según parece, es lo que va a llevarse durante estos meses de primavera. Blanco sobre negro o negro sobre blanco. Esta moda no me disgusta pero tampoco me acaba de gustar. Las rayas favorecen las buenas curvas -además de mejorar las escasas- pero, para mi gusto, pesan demasiado sobre los cuerpos y los confunden con la tela. Por eso, nada tan fascinante como aquellos vestidos blancos, tirando a campestres, que se impusieron en el 2009 y bajo los cuales se sentían flotar el aire y la piel. Aquella deslumbrante distinción de elementos. En estos inicios de temporada, la proporción de mujeres a rayas es elevada, manifiesta, notable dentro del variado paisaje de la ciudad. Entre las jóvenes yo diría que llega a una o dos de cada seis. Falta por ver si cundirá el ejemplo hasta que lo optativo alcance el rango de preceptivo o si lo arriesgado de la propuesta la convertirá en anécdota. A mí no me importa. Estas modas tan poco sutiles, tan de cursiva, mayúscula y subrayado, me limitan la imaginación y a ellas, por lo general, en consecuencia.
4 comentarios:
Yo las prefiero negras (y finas) sobre blanco y exclusivamente en mujeres, no sé por que las rayas en hombres me recuerdan a un presidiario de los dibujos de Lucky Luke.
Hay modas un poco pscheeee, pero por lo general yo a ellas las encuentro siempre adorables
:D
Yo en primavera también soy de vestidos ligeros y esos blancos que mencionas quedan realmente bien.
Psé, a mí las rayas me gustan y no hay nada más elegante que el blanco sobre el negro. Aunque, eso sí, las preferiría verticales y en blusas...
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