2 de junio de 2011

Trascendencias



La principal peculiaridad de Valencia –al menos para los que viven allí y no requieren que nadie les venda la ciudad a base de edificios estrafalarios y, en su mayoría, inútiles- es el cauce sin río que la recorre de Oeste a Este, de camino al mar. Tanto si se opta por un paseo siguiendo sus elevados márgenes como si se desciende hasta el lecho, la experiencia puede resultar igualmente satisfactoria: en los márgenes, porque se ofrece la poco habitual compañía de las copas de los árboles; en el lecho, porque la ciudad parece quedar lejos de su entramado de sendas boscosas, parques infantiles y campos deportivos… Con la apreciable ventaja que proporciona lo ficticio de tal lejanía. A la hora del crepúsculo –hora que en los solsticios suele alargarse hasta un mínimo de dos- allí se concentran familias de todo tipo, amantes de muy diversa condición, grupos de turistas, corredores de fondo, solitarios empedernidos y otras especies más o menos humanas y de mayor o menor calado estadístico.

A esa hora incierta, en la transitada intimidad de un espacio abrupto y frondoso encajado entre el campo de beisbol y el Puente de las Artes, se reúnen muchos días, desde hace no sé cuánto ni hasta cuándo, un viejo y una puta. Él es un hombrecillo pálido, canoso, reflexivo y sosegado como un maestro sin alumnos, con la vista baja pero sin apariencia de haberla rendido al tiempo. Ella es una preciosidad de rasgos y formas dulces, sin ningún exceso, con el pelo moreno y corto, a lo francés, tan cuidado y liso que podrían inventariarse sus cabellos a distancia. La puta –y la llamo así no porque lo sepa sino por el revelador contraste entre ella, el paisaje y su compañía- se sienta a la izquierda del viejo, le mira a los ojos y parece escucharle con atención sincera e interesada mientras él le habla con un tono monocorde, propio de palabras consabidas.

-Creo que es a partir del día nueve –le decía, mientras yo pasaba cerca- cuando empiezan a cobrar por las bolsas de plástico.

5 comentarios:

natsnoC dijo...

Sobre lo que comentas del río, y sabiendo que te gusta mucho la historia, estoy seguro que te encantará leer este fantástico documento, que además tiene unas fotos maravillosas: http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=531993

JLin dijo...

Proyecto hubo, en tiemos de Pérez Casado, de convertirlo en autopista urbana... menos mal que no llegó a buen puerto y disfrutamos de tan espléndido y curioso jardín. Lo de pasear viendo las copas de los árboles es muy curioso y de lo más recomendable.

raindrop dijo...

Lo que más me llama la atención cuando voy a Valencia es precisamente ese cauce seco que recorre la ciudad.
Un espacio interesante.

Layna dijo...

Cada vez que uno de mis compañeros de trabajo se va de viaje insisto en que me lleven en mano una postal del sitio visitado... Hoy a aparecido en mis manos una postal de Valencia. He sonreído de oreja a oreja basicamente porque bastantes de mis blogs preferidos son de gente de Valencia. No he estado en Valencia, hace casi un año que me apetece ir, digo yo que al final iré, sin que sean fallas ni nada, solo por el gusto de pasear por ese cauce. Un abrazo

Petrarca dijo...

natsnoC: muy interesante lo que me mandas. Yo creo que los cambios en la ciudad inciden radicalmente en el ser de los ciudadanos. En las fotos se ve perfectamente que no fueron lo que somos.

JLin: así es. para mí ese sitio es lo que hace de Valencia una ciudad en la que merece la pena vivir. Aparte del clima.

Layna: pues si vienes me parece a mí que tendrás una buena acogida. :)

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