14 de octubre de 2011

El cuadernillo naranja (84)


Pobre hombre. Nunca había visto una cara que expresara tanta lástima como la suya, que llamara tanto a la compasión en su estado habitual, neutro, de estar. Los ojos rendidos y, sobre todo, esas cejas formando casi un equilátero con base en su declinación. Cuando el semáforo se ha puesto en verde y los peatones de aquí nos hemos cruzado con los peatones de allá, le habría acariciado el hombro a mitad de calle para calmar así mi espíritu en el suyo compungido. Ese pobre hombre podrá sentir alegrías -sentirlas incluso hasta las lágrimas- pero su apariencia nunca sobrepasará el sufrido sobreponerse a todo.

***

Me sorprende la facilidad que tienen algunos para agarrarse a algunas. Yo no puedo. Mis reparos son equivalentes a los que tengo cuando me niego a coger en brazos a los bebés. El temor al riesgo innecesario y a la desgracia fácilmente evitable. No me fío de mí. Ni siquiera cuando el objetivo del contacto es hacer tangible un cierto y proporcionado grado de proximidad. Tocar me sigue asustando y atrayendo sin remisión.

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Lo que faltaba. Ahora José Blanco para defenderse trae a colación a Dios: "Soy creyente -dice- y no tengo nada de qué arrepentirme." Aparte de que lo suyo habría sido aludir a la confesión antes que al dolor de los pecados, esa referencia impulsiva a las instancias superiores suele evidenciar un déficit de principios internos. Imagínese la situación. Un tipo va conduciendo de camino a su pueblo y le para la Guardia Civil acusándole de viajar a 150 kilómetros por hora. El tipo se defiende: "Eso es falso. Además, soy creyente y no tengo nada de qué arrepentirme." El Guardia Civil, por muy benemérito que sea, consultará el radar en vez de la Biblia. Otros han invocado a la historia para que el futuro juzgara sus actuaciones presentes. La vida, deben pensar, es demasiado corta y la historia demasiado larga como para entretenerse en los detalles. El tiempo nos dará la razón, aseguran. O Dios la salvación.

3 comentarios:

raindrop dijo...

Me siento plenamente identificado con el segundo párrafo. Demasiada electricidad en el contacto... no sé...

Petrarca dijo...

Es que ayer un tío se manejó a cuatro o cinco a ritmo de reaggeton y luego se fue tan tranquilo a casa. Sólo le faltó sacudirse las manos.

raindrop dijo...

Bueno, y aún tenías esto en construcción, porque no vi el tercer párrafo.
Es muy ilustrativo eso de apelar (como pretexto para quedar impune) a instancias que no están disponibles. El viejo truco. Me recuerda a ese otro aforismo latino: Excusatio non petita, accusatio manifesta.
En el caso de Blanco, podría llegar incluso a la paradoja de Epiménides el cretense: Todos los cretenses son unos mentirosos. Y sería capaz de añadir que todos menos él, claro, porque lo dice él mismo.

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