
El sol se ha vestido de abril. Sus rayos se dividen en el aire dibujando alegres sombras sobre la tierra. Hoy el verde es más verde que nunca, el azul azul profundo y entre los verdes y los azules se levantan los dorados como hilos de oro sobre la hierba. Hoy se casa la duquesa en el Palacio de Dueñas, aquel lugar idílico de los versos de Antonio Machado: "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, / y un huerto claro donde madura el limonero..." También Juan Ramón Jiménez, que frecuentó el palacio en su adolescencia, invoca su memoria en el aroma de aquellos árboles: "En el recuerdo estás tal como estabas. / Mi conciencia ya era esta conciencia (...) Entre aquellos geranios, bajo aquel limón, / junto a aquel pozo, con aquella niña..." Doscientos años antes fue Goethe quien, hablando de Mignon, quiso hablar de Dueñas: "¿Conoces el país donde madura el limonero / donde el verde naranjo da sus pomas de oro?" Toda infancia huele a cítrico, a preñez de gloria, a esas gotas que desbordan y llenan la pulpa de rocío. Hoy se casa la duquesa en el Palacio de Dueñas. Hoy es siglo XIX, digan lo que digan las cuartillas, los versos, los calendarios. Pido luz de mantequilla sobre la piedra vieja. Pido sonidos y sabores de Aranjuez.
***
-En algún sitio he leído que hay que tener cuidado con lo que deseas porque puedes conseguirlo.
-Sí, es una gran verdad. Al menos, para aquellos que no saben lo que desean. El éxito es como el fracaso: cuando más luce o cuando más se sufre es cuando aún no se ha dado. Nuestros grandes miedos se adelantan al peligro. Lo que más nos asusta es la amenaza de la amenaza.
-Todo esto es un poco nuevo: tengo un novio que es mucho mejor de lo que nunca podia haber esperado, un trabajo que me encanta, la oportunidad de formarme en idiomas y actividades que me gustan. Pero tengo miedo de que todo eso se vuelva contra mí.
-Lo tuyo es un problema de registro. Estás más acostumbrada a la sintaxis de queja que a la sintaxis de felicidad.
-Sí, lo sé. Es la comodidad de lo conocido.
-Debes tener cuidado con eso porque al final la forma constituye el mensaje. Si te alegras utilizando frases tristes lo normal es que acabes entristeciéndote. Y viceversa: si te entristeces con frases alegres la alegría tarda menos en aparecer. Tomárselo con filosofía, se llama.
-Estoy poco acostumbrada a que me vayan bien las cosas. Quizá es esto lo que me devuelve el karma, cosas buenas para compensarme lo anterior...
-Tú y tus pajas mentales.
-¿Son pajas mentales?
-Desde luego que lo son. Todo pensamiento que no tenga un sustento real es una paja como la copa de un pino. O de un pepino, para seguir con la metáfora.
-Yo creo en el karma.
-El karma es una proyección de nuestros deseos y temores. Somos nosotros mismos pero disfrazados con otro nombre. Nos cogemos y nos sacamos fuera para hacernos más manejables y, sobre todo, más accesibles a invenciones como las de la justicia o el equilibrio universal.
-A mí me gusta pensar que existe la justicia.
-Pues perdona que sea yo el que te lo diga pero los Reyes Magos no existen. Somos motas de polvo sacudidas por el viento. Pensar que hay justicia para los humanos es como pensar que hay matrimonio para los caracoles.
-Los caracoles son hermafroditas. Si no quieren no necesitan ni salir de ligoteo.
-Te equivocas. Son hermafroditas pero no pueden fecundarse a sí mismos. Tienen que currárselo como todo hijo de vecino.
-Pues qué rabia.
-Qué suerte, en realidad.
-Sí, es una gran verdad. Al menos, para aquellos que no saben lo que desean. El éxito es como el fracaso: cuando más luce o cuando más se sufre es cuando aún no se ha dado. Nuestros grandes miedos se adelantan al peligro. Lo que más nos asusta es la amenaza de la amenaza.
-Todo esto es un poco nuevo: tengo un novio que es mucho mejor de lo que nunca podia haber esperado, un trabajo que me encanta, la oportunidad de formarme en idiomas y actividades que me gustan. Pero tengo miedo de que todo eso se vuelva contra mí.
-Lo tuyo es un problema de registro. Estás más acostumbrada a la sintaxis de queja que a la sintaxis de felicidad.
-Sí, lo sé. Es la comodidad de lo conocido.
-Debes tener cuidado con eso porque al final la forma constituye el mensaje. Si te alegras utilizando frases tristes lo normal es que acabes entristeciéndote. Y viceversa: si te entristeces con frases alegres la alegría tarda menos en aparecer. Tomárselo con filosofía, se llama.
-Estoy poco acostumbrada a que me vayan bien las cosas. Quizá es esto lo que me devuelve el karma, cosas buenas para compensarme lo anterior...
-Tú y tus pajas mentales.
-¿Son pajas mentales?
-Desde luego que lo son. Todo pensamiento que no tenga un sustento real es una paja como la copa de un pino. O de un pepino, para seguir con la metáfora.
-Yo creo en el karma.
-El karma es una proyección de nuestros deseos y temores. Somos nosotros mismos pero disfrazados con otro nombre. Nos cogemos y nos sacamos fuera para hacernos más manejables y, sobre todo, más accesibles a invenciones como las de la justicia o el equilibrio universal.
-A mí me gusta pensar que existe la justicia.
-Pues perdona que sea yo el que te lo diga pero los Reyes Magos no existen. Somos motas de polvo sacudidas por el viento. Pensar que hay justicia para los humanos es como pensar que hay matrimonio para los caracoles.
-Los caracoles son hermafroditas. Si no quieren no necesitan ni salir de ligoteo.
-Te equivocas. Son hermafroditas pero no pueden fecundarse a sí mismos. Tienen que currárselo como todo hijo de vecino.
-Pues qué rabia.
-Qué suerte, en realidad.
3 comentarios:
Mira por donde: me han dado más jugo los caracoles que el limón.
Cosas que pasan jajaja
Pues me ha encanto esta conversación, grandes verdades dices, cuanta paja mental nos hacemos.
y los caracoles lo hará por placer o por supervivencia?
Qué poco aristocráticos sois.
Sobre los caracoles hay un videoclip de Pereza que, no sé yo, pero todo parece indicar que lo disfrutan.
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