4 de octubre de 2011

Pasiones internas



María Kodama pidió que retiraran un libro de pretendido homenaje a su ex -y el nuestro- y la editorial Alfaguara le ha dado el gusto. Se trataba de una obra de Agustín Fernández Mallo llamada El hacedor (de Borges). Remake. Ejemplar maldito que a partir de ahora decorará y hará valer muchas bibliotecas. Pero no es esta benéfica maldición lo que me interesa. Lo importante fue que, a renglón seguido del secuestro editorial, se cruzaron opiniones a favor y en contra de Agustín Fernández Mallo, que dos de ellas compartieron una página de El Mundo y que sus autores fueron dos pesos pesados: Luis Antonio de Villena y David Torres. Esto es, repipi y el macarra. A Luis Antonio de Villena no puedo dejar de imaginármelo, pertrechado con su bufanda y su mantelería, con su vaho y su palidez, como un Mecenas chillón o un Nerón recién duchado. David Torres, muy en cambio, tiene formas de un Pérez-Reverte al que se le ha quitado todo menos los tacos, es decir, prácticamente nada. Uno y otro, el bello y el bestia, sacaron sus armas –florete el uno, garrote el otro- a propósito de Borges. Pues bien, para sorpresa y excitación mía, en esta ocasión fue el fino el que repartió las hostias. Aparte de ciscarse en aquello del Proyecto Nocilla, que ni sabe lo que es ni le interesa, llamó a Fernández Mallo adolescente y cuarentón. Y yo, entonces, cierro el periódico y me dispongo a imaginar no sé qué disputas privadas entre el odiante y el odiado, entre un Villena presto al entendimiento y un Fernández Mallo al que bastaría ver bajo el ala plumosa de Luis Antonio para sentirlo protegido. Cosas así me disparan la fantasía. También me pasa con Antonio Gala, tan concienzudamente anticlerical que no me cuesta nada verlo en hábito cardenalicio. O con Artur Mas y esos niños andaluces y gallegos a quienes no entiende cuando le hablan... ¿Cómo culparle a él si parece que se hayan tragado la Giralda y la Torre de Hércules? Lo último en estas reconstrucciones morbosas de la realidad ha sido lo del presidente del Barcelona y el posible fichaje de Pau Gasol mientras se resuelve el conflicto de la NBA. “No queremos temporeros”, ha dicho, y entonces en la tierra, ay, de mis pensamientos ha aflorado Miguel Hernández y sus aceituneros altivos. Andaluces de Jaén, siempre, por mucho que nazcan en Palma de Mallorca o en Sant Boi del Llobregat.

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