7 de marzo de 2011

Adriana


Al igual que hay personas que, según dicen, han nacido para jugar en el Real Madrid, hay canciones que se han escrito para que algún día las cante Adriana Varela, obras de arte que no alcanzan su plenitud hasta el feliz instante en que coinciden con ella.

En 1923 Edgardo Donato y Celedonio Flores compusieron Muchacho, un autorizado reproche de compadre al burgués bohemio que todo lo obtiene mediante pago. Muchas versiones se han sucedido desde entonces pero ya todas parecen trasunto de la interpretada por Varela.





Cacho Castaña escribió Garganta con arena en 1994, tras la muerte de Roberto “Polaco” Goyeneche y en homenaje a ese artista capaz de cantar hasta “el punto y coma” de los tangos. De nuevo, Adriana Varela llevó el mensaje a su máxima expresión.





Hace poco más de un lustro, Joaquín Sabina se sacó de la manga Con la frente marchita para colorear las tardes de nostalgias de domingo, de añoranzas de lo que nunca, jamás sucedió. Y ahí estaba Adriana para desmentirle y cantar las que aún nos quedan.



5 de marzo de 2011

Cruce



Quizá una de las razones por las que existe el cine sea que no resulta de buena educación atender directamente a la vida, fijarse con detenimiento en sus escenas, mirar a esos dos: a él con su cabeza hundida en el regazo de ella, respirando abrigo, y a ella acariciando con dedos nunca ociosos el pelo, la piel y el descanso de su pareja. Pienso si lo envidio. Si los envidio. Me imagino resguardado por ella, por su aroma, por su calor, sumido en mis pensamientos y tal vez en los suyos. La imagino a ella con esa misma luz en los ojos, con esa misma actitud que ahora tiene de no deber ni reclamar nada, dichosa con su vida enlazada a la mía. Me imagino sintiéndola en la oscuridad de mi sueño y a ella sintiéndome en esas montañas que no mira a través de la ventana del tren. No. Creo que no los envidio. Los admiro. Me siento reconfortado por ellos, por ese cariño suyo que no necesita palabras, por sentir que se saben propietarios el uno del otro y dueños de su momento intransferible. No los envidio. Prefiero mirarles a hurtadillas en cada página par del periódico e insistir en mi total intrascendencia.

4 de marzo de 2011

Crazy in love



Bon Jovi, Lionel Richie, 50 cents, Beyoncé, Nelly Furtado o Mariah Carey son algunos de los artistas que han actuado en conciertos privados para los Gadafi a cambio de aproximadamente un millón de euros por actuación. De todos ellos, y tras los últimos acontecimientos revolucionarios en Libia, al menos las tres últimas cantantes han declarado haber donado dicha cantidad a fines humanitarios. Esta noticia me ha hecho recordar unas elocuentes declaraciones con las que nuestro Presidente del Gobierno criticaba al líder de la oposición hace un par de semanas: "Se puede cambiar de criterio en función de las circunstancias, lo que es bastante insólito es que no se tenga criterio."

(Inciso: A pesar de lo que diga el Presidente, él sabe y todos sabemos que Mariano Rajoy tiene criterio. Lo que ocurre es que prefiere no mostrarlo para no perder votos. No estamos, por tanto, ante un caso de falta de criterio sino de perversión de la democracia, que es mucho peor.)

A lo que iba.

Beyoncé, Nelly Furtado y Mariah Carey han donado íntegramente a fines benéficos la cantidad que Gadafi les dio a cada una por cantarle. La clave de esta información está en la integridad, en el millón de euros aproximado, pues convierte el dinero donado en el dinero recibido -más allá de la contingencia fugaz de los billetes- y hace de la acción solidaria un acto de desquite y penitencia. "El clan Gadafi me pagó un millón de dólares por un espectáculo de 45 minutos ante invitados en un hotel en Italia. Donaré los dólares", ha twitteado Nelly Furtado. "Me siento horrible y avergonzada por haber participado", ha confesado Mariah Carey dándose amortiguados golpes en el pecho.

Ni la ignorancia debería servir de excusa ni la excusa de justificación. ¿Qué hay de malo en que varios millones de dólares pasen de manos de personas que oprimen al pueblo a personas cuyo trabajo es divertir a ese pueblo? Reprobable, en todo caso, sería que las canciones de estas artistas hablaran de lo bien que se está en sin libertades y de lo bueno y sabio que es el dictador... Pero creo que no es el caso.

Ahora bien, donar el dinero a tirano pasado es una forma de blanquearlo y de blanquearse. De blanquearlo porque, al fin y al cabo, supone reconocer que el tal era dinero sucio y de blanquearse porque así ahorran las explicaciones sobre sus malas compañías. Una publicidad con la que entonces prefirieron no contar.

Como dijo el Presidente, "se puede cambiar de criterio en función de las circunstancias". Lo que es insólito, digo yo, es que el cambio de criterio tire siempre hacia el beneficio propio en vez de a la dignidad común.

2 de marzo de 2011

Pureza o virginidad



No sé a qué viene -es decir, de dónde viene- la asimilación histórica entre pureza y virginidad. Quizá provenga del mismo lugar desde donde se enlazó al alma con el cielo o al cuerpo con la tierra o desde donde se estableció que los dioses debían morar en las alturas. El tiempo va matizando, poco a poco, las dicotomías, y las devuelve al caos desde donde se sacaron para explicar a los hombres un mundo desconocido.

En el Tratado sobre la tolerancia, Voltaire utiliza un relato antiguo en el que puede intuirse un estado de inocencia cristiana, ignorante a su manera, previo al maniqueísmo esquematizador y mucho más ignorante de los futuros inquisidores. Se trata de un episodio de la vida de Gregorio Taumaturgo. Este discípulo de Orígenes, enviado a predicar a la región de Neocesárea (en la actual Turquía), tuvo que alojarse durante la noche en un templo de oráculos debido a una fuerte tormenta. A la mañana siguiente, al sacerdote encargado del templo le extrañó que los diablos que hasta entonces habían emitido oráculos permaneciesen en silencio. El sacerdote los llamó y al rato éstos acudieron para explicarle que el visitante “había hecho signos de la cruz” durante su estancia y que, por tanto, ya no podían habitar aquel templo. El sacerdote hizo entonces detener a Gregorio y éste, después de asegurar que tenía todo el derecho de expulsar a los demonios allá donde quisiera, finalmente llegó a un acuerdo con su captor. Gregorio cortó un papelito y en él escribió la siguiente nota: “Gregorio a Satán: Te ordeno que vuelvas a entrar en este templo”. El papel fue puesto sobre el altar del templo y los demonios regresaron y volvieron a rendir sus oráculos como de costumbre. Gregorio quedó así libre y siguió con su camino.

Nada es lo que parece. A Satanás se le representa con patas y cuernos de macho cabrío porque, antes que a él, esas patas y esos cuernos sostuvieron y coronaron a los faunos, personificación de los impulsos naturales, de los instintos irreflexivos, de la alegría desbordada en la mitología griega, a su vez inspirada en la oriental. Desde antiguo, la cultura popular ha acompañado a los demonios con máscaras y campanillas, con risas que eran a la vez de burla y de veneración, mientras las autoridades requerían adorar a la divinidad con lágrimas y sufrimientos por la inocencia perdida.

En la cristiandad no podían caber aquellos dioses y héroes paganos e inmorales que gozaban allí donde los mártires manifestaban el heroísmo de sus sufrimientos. La pureza del hombre, relacionada con su parte divina, se buscaba en aquello que se creía más distante de sí: en el pensamiento depurado de pasiones y en la voluntad arrancada del cuerpo. La santidad, el ideal de existencia para el ser humano, radicaba en el desierto, en la ausencia de estímulos, en la nada absoluta. La afirmación sólo era posible a partir y a través de la negación personal.

Pureza y virginidad se establecen como conceptos que, una vez asimilados, hacen concluir que el mundo mancha y que conviene aspirar a la inacción o una acción determinada por el alejamiento de lo propio. Nada más puro, sin embargo, que ser consecuente con lo que uno es, tiene y siente… ¿Puede haber, entonces, pureza en la virginidad, en lo no tocado, en lo no vivido? En todo lo humano hay demonios que no conviene expulsar.

1 de marzo de 2011

Cisne negro




Con la misma cantidad de bronce se puede fabricar un juego de llaves o unos grilletes, crear una obra de arte o un montón de chatarra, ser Rodin o Chillida. Un homenaje puede engrandecer a lo homenajeado o convertirlo en una caricatura. Cisne negro hace honor a la obra de Tchaikovsky y, de paso, le concede una dosis de prestigio extra al séptimo arte con su apabullante demostración de genio, capacidad y trabajo. A algunas películas les basta con un director visionario y unos figurantes obedientes. A las mejores se les añade la firme determinación de pasar a la historia y el compromiso y el esfuerzo de todos los implicados para conseguirlo.





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