7 de abril de 2011

Detrás de tu nombre





A ti,
que tanto disfrutas sabiendo de ti
y al contemplarte desde fuera,
me gustaría poder regalarte una mañana:
que fueras capaz de sentir este temblor de tu piel
en cada parte de tu cuerpo,
que experimentaras esta necesidad de buscar tu olor
entre sábanas que nunca te han guardado,
que sufrieras esta condena de tener que nombrarte
a sabiendas de que un soplo de vida
saldrá huyendo detrás de tu nombre.

5 de abril de 2011

Rayadas



Con el calor han florecido las rayas blancas y negras. Según parece, es lo que va a llevarse durante estos meses de primavera. Blanco sobre negro o negro sobre blanco. Esta moda no me disgusta pero tampoco me acaba de gustar. Las rayas favorecen las buenas curvas -además de mejorar las escasas- pero, para mi gusto, pesan demasiado sobre los cuerpos y los confunden con la tela. Por eso, nada tan fascinante como aquellos vestidos blancos, tirando a campestres, que se impusieron en el 2009 y bajo los cuales se sentían flotar el aire y la piel. Aquella deslumbrante distinción de elementos. En estos inicios de temporada, la proporción de mujeres a rayas es elevada, manifiesta, notable dentro del variado paisaje de la ciudad. Entre las jóvenes yo diría que llega a una o dos de cada seis. Falta por ver si cundirá el ejemplo hasta que lo optativo alcance el rango de preceptivo o si lo arriesgado de la propuesta la convertirá en anécdota. A mí no me importa. Estas modas tan poco sutiles, tan de cursiva, mayúscula y subrayado, me limitan la imaginación y a ellas, por lo general, en consecuencia.

4 de abril de 2011

Un home de profit

Durante estos primeros días de abril, mi madre ha iniciado una intensa campaña cuyo objetivo principal es urgirnos a mí y a mis hermanos a engendrar pronto a sus nietos. Aparte de las razones que se sobreentienden en cualquier discurso de esta naturaleza, ella nos ha ofrecido un dato irrebatible y un deseo a flor de piel. El dato: que mi abuela a su edad ya tenía a todos los suyos. El deseo: que disfrutaría mucho comprándoles cosas. Ayer domingo, poco antes de entrar en el portal de casa y mientras yo palpaba el enésimo bolsillo de mi chaqueta en busca de las llaves, me enunció ambos motivos, dato y deseo, seguidos de una curiosa advertencia:

-A este paso tendré que adoptarlos.

El sol caía entonces a plomo sobre el empedrado y es posible que el brillo que adiviné en los ojos de mi madre se debiera a simples causas astronómicas. Sin embargo, también podía ser que no y la duda me hizo responder con mayor seriedad de la acostumbrada:

-Es que no me quieren, madre -le dije, derramando varias sombras sobre la acera.

-¿Cómo te van a querer si no te promocionas?

-Pero es que antes debo hacerme un hombre de provecho.

-¡Ya eres un hombre de provecho!

-Que va. De momento sólo soy un hombre aprovechado.

2 de abril de 2011

El jugador de póquer



Después de perder la mayor parte de su dinero en una mala apuesta, al jugador de póquer se le pone cara de suicida. Así están las cosas: pudo haber sido ciento, al final fue uno y el uno que le queda en la mesa y le quema en las manos le recuerda el ciento que se quedó en el aire. El desafortunado jugador -que lo ha sido hasta el extremo de no poder marcharse con su ruina- permanecerá en la mesa hasta que se agote su ínfimo crédito, dándose repetidamente en sacrificio a la fatalidad de lo improbable, apostando sus restos una y otra vez hasta que la muerte le permita el olvido. Habrá cambiado de criterio y lo habrá hecho por última vez. Desde entonces irá con una jota y un ocho, con un cinco y un tres o con una pareja de reyes, horrible buena mano a destiempo. Dará lo que piden las circunstancias y se dará a sí mismo con insistencia para no sentirse estorbo entre los participantes ni alargar el ridículo de sus simulacros de valentía. All in. Nothing in. Pudo ser pero no fue. Apostó a ciegas y la realidad le abrió los ojos. Demasiado tarde.

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