6 de mayo de 2011

Terroristas sentenciados



No es una buena noticia que los malos celebren una sentencia y menos aún que la celebren cantando el Eusko Gudariak con el puño en alto, ese ritual clásico que precede al del dedo en el gatillo. No es una buena noticia que el Tribunal Constitucional desoiga los informes de la Policía, de la Guardia Civil, del Tribunal Supremo, que vinculan Bildu con ETA y a ETA con la misma ETA de siempre, esa que dialoga tiroteando gendarmes y guardando toneladas de explosivos en el jardín. No es una buena noticia que los jueces hayan resuelto con la exactitud de las cuotas políticas, por el oído cocina a quienes le deben el cargo. No es una buena noticia que la madre y la viuda de Joseba Pagazaurtundúa vayan a participar en las mismas elecciones que aquellos que jalean a sus asesinos. No es una buena noticia que los gobernantes de un país no aprendan de sus errores (¡han tenido tantos!) y sigan pensando que la sangre puede limpiarse con votos, que cediendo un Estado se hace más fuerte y que dentro de un año estaremos mejor.

2 de mayo de 2011

¿Un mundo mejor?



No comparto el entusiasmo. El ejército americano mata a Bin Laden y la primera reacción del pueblo es saltar y gritar en las calles, en las redes sociales, en los periódicos, en los micrófonos... La celebración de la pena de muerte y la alegría por la venganza cumplida se enarbolan como banderas al viento. Obama dice que se ha hecho justicia, quién sabe si refiriéndose a Dios, y en esta otra orilla se repite que se ha hecho justicia, refiriéndose a Obama. Puede que sí o puede que no pero, en todo caso, no todo acto de justicia merece aplausos. No hay ninguna grandeza en el ojo por ojo, ninguna dignidad en esas sonrisas que cantan gol cuando hay muertos sobre la mesa. Sus muertos, los nuestros... Ese lenguaje tan lamentablemente exacto, tan maldito, ante el que no cabe más que el silencio: un silencio de indignación por el fanatismo culpable y de sentido recuerdo hacia sus víctimas. No está nada claro que el mundo vaya a ser mejor mañana.

1 de mayo de 2011

Recuento





Dos asientos en la estación de trenes.
Seis o siete restaurantes.
Más o menos los mismos bares.
Cuatro o cinco pubs.
Dos o tres cafeterías.
Tres hoteles.
Una esquina frente a la Catedral.
Un banco en el parque.
Un cine.
Un museo.
Algún billete entre las páginas de un libro.
Una chapa de Epi y Blas.
Una pulsera rota.
Un llavero roto.
Una camiseta del tamaño equivocado.
Una goma para el pelo robada.

Aproximadamente,
esas son las cosas suyas que tengo
(que yo recuerde y recuerdo bastante).

Antes las llevaba encima
o me las quedaba mirando
o las veía de paso...
Dependiendo.
Me gustaba sentir que los objetos y los lugares compartidos
permanecían aun después de marcharse ella
o de marcharme yo.

Demasiado poco tiempo como para poder vivir del aire.

Ahora no.
Los objetos están reunidos en donde apenas los frecuento.
Los lugares a veces pasan junto a mí sin decirme nada.
Unos y otros cada vez son más inútiles.
Me incomodan los recuerdos de su ausencia.

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