15 de enero de 2012

Borges y María Esther (1)


En el libro de Bioy sobre Borges hay un fragmento (que va desde noviembre de 1963 a abril del año siguiente) que es de lo mejor que he leído nunca. Después de cuatrocientas páginas hablando sobre autores, escuelas, argumentos, estilos, filosofías, interpretaciones, generaciones, mitos, hallazgos, cadencias y otros mil asuntos de la literatura, en la vida de Borges aparece una mujer. Una mujer real llamada María Esther Vázquez, de 35 años (30 años más joven que él) y periodista de profesión. Existen bastantes  posibilidades de que acaben casándose. A partir de diciembre de 1963, después de cuatrocientas páginas y 17 años de confidencias recogidas por su amigo, Borges se vuelve tonto perdido por amor: "Estoy como un chico. Les parecerá ridículo. A mi edad." El inicio de la relación es tormentosa. Ella tiene novio y, al descubrirlo, es cuando Borges se da cuenta de que la ama profundamente: "He necesitado que esta chica me diga que quiere a otro para comprender que ella es lo único que me importa en la vida." Deprimido, toma tranquilizantes y la literatura cae rendida de inmediato ante la química: "A la noche [Borges] se duerme mientras escribimos. -Leéme las dos últimas frases, dice. No consigo leer las dos frases antes de que se duerma. Leo tal vez una, y ya cierra los ojos, abre la boca, cara al techo... Lo despierto. -Pero leé esas frases, protesta. -Ya las leí. Te dormiste. -Ah, contesta, estoy un poco aletargado."

A los pocos días la situación mejora pero la depresión de Borges sigue y se incrementa: "Cuando perdí las esperanzas desapareció totalmente el deseo físico; ahora que las esperanzas volvieron, volvió el deseo, lo que es molesto." Al parecer se casarán en febrero. Muy inquieto, Borges le comenta a Bioy que no tiene nada en común con María Esther. Dice que es cariñosa pero que siempre piensa en voz alta y eso le desespera. Dice que puede decir cosas muy incómodas pero que luego dice algo contradictorio o le besa, según "el vaivén de sus incertidumbres". Dice que es buena persona pero que lo es con todo el mundo, que le coge la mano pero también a todo el mundo. Dice que es coqueta y que sus actos no suelen armonizar con sus palabras. Además, no está seguro de los sentimientos que tiene hacia él: "Te aseguro que se portó como si fuéramos novios (...) Cuando nos despedimos, me abraza un poco y me dice Querido." Pero las dudas, los celos, le matan. Atención a la frase: "Prefiero no saber que sin mí está con gente y en lugares que puedo imaginar."

8 comentarios:

Blog A dijo...

Que tierno, yo no quiero saber ni q nadie me cuente que hacer mi amor cuando no esta conmigo.

natsnoC dijo...

Vaya. Y para un desconocedor de Borges, ¿cómo acabó la historia con María Esther?

Eso de no querer saber con quién está para no pensar mal no es muy tranquilizador.

raindrop dijo...

Ella tiene novio y, al descubrirlo, es cuando Borges se da cuenta de que la ama profundamente

No sé, pero me parece un mal indicador del querer.
Claro, luego todo son gilipolleces, lo normal xD

Petrarca dijo...

Montse: nadie quiere saberlo y cuando intentan averiguarlo es contra su propia voluntad.

natsnoC: espero haber respondido a tu respuesta (aunque sea a medias) en la segunda parte de la entrada.

raindrop: yo diría que la mayoría de quereres y, sobre todo, de deseares empiezan así o algo parecido. Lo importante está en cómo transcurren.

raindrop dijo...

Pues me resulta algo extraño que uno decida que ama profundamente a alguien cuando se entera de que esa persona tiene novio.
No sé, otra cosa es que ames a alguien y luego te enteres (¡oh, hado adverso!) de que tiene novio.

Lo de Borges es tan rebuscado que casi me suena a licencia literaria (intento descartar la versión "estaba gilipollas perdío", aunque después de la lectura de la segunda parte ya dudo)

Petrarca dijo...

Es un lugar común, en la literatura y en la vida, eso de acercarse a otra persona para que al novio/a se dé cuenta de lo enamorado que está. Este caso es parecido. Cuando el amor significa posesión de la persona amada, el hecho de que otro compita por ella o disfrute de esa persona despierta aún más el deseo de tenerla. A mí, salvo la dejación de la playa (que podría explicarse por cierta represión que dicen que tenía Borges), el resto de su "razonamiento" no me parece nada rebuscado. Al contrario, me parece muy real.

raindrop dijo...

uf, no sé qué decirte...

Y sigo pensando que eso de los amores en competencia es tan lugar común como motivación absurda.
Por el mismo razonamiento, si el novio la deja, entonces Borges se daría cuenta de que en realidad no la amaba tanto. Claro, que eso explica por qué algunas parejas furrulan como furrulan y las cosas de los celos y sus consecuencias (si no puedes ser pa mí, entonces no serás pa nadie, el demente recurso del mal perdedor)

Petrarca dijo...

Sí, bueno, ahí ya entramos en el terreno de la conveniencia o no de esas actitudes y de las consecuencias a las que pueden llevar. Aparte de todo esto está la lucha que Borges tuvo que solventar con su madre, que veía a todas las mujeres que interesaban a su hijo como unas zorras (otro lugar común, el de la suegra). Lo normal, al parecer, es que el caos vaya de la mano del amor.

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