16 de enero de 2012

Borges y María Esther (y 2)


Bioy Casares, que hasta entonces había interpretado el papel de discípulo, elaborando sus opiniones al compás que marcaba su amigo y maestro, es ahora quien toma la palabra y quien aconseja el camino a seguir una vez alejados de la ficción literaria. Borges era soltero. Bioy lleva casado más de veinte años con Silvina Ocampo. Las clases magistrales pasaban a ser las suyas: "Le digo (...) que no se haga ilusiones; que no se enloquezca (porque el amante enloquecido no atrae); que no se pase al otro lado en perfección y abnegación (tontería, pedantería, hipocresía; eso no es natural); que no se interese demasiado en el otro: es su enemigo."


Borges, María Esther Vázquez, Silvina Ocampo, Cecilia Boldarin, 
Bioy Casares y Marta Bioy en Mar del Plata.


En febrero de 1964, Borges y María Esther Vázquez viajan a Mar del Plata con Bioy y Silvina. Las primeras impresiones no pueden ser mejores: "Si todo sigue así -señala Borges- nos casamos este año." Las seguridades aumentan y los pesares, como le dice a Bioy, parecen evaporarse durante las jornadas de descanso y playa: "Vos sabés que yo tenía muchos problemas. Bueno, cosas que existían porque las imaginaba. todo eso desapareció." En esos días, sustituida la depresión por la euforia, el Borges atontado y monigote llega a su máxima expresión. Sus amigos se lo tienen que decir todo, continuamente. Que use alpargatas cuando vaya al mar, que se cambie de ropa, que no descuide su aseo: "Después de su viaje en tren no se bañó. Cuando le prepararon el baño, lo sorteó con evasivas: "Ahora no, Más tarde". Al día siguiente, se mantiene invicto." Silvina interpreta todas esas rarezas como un síntoma de acuerdo feliz: "Tenemos casamiento seguro. Tenemos casamiento pronto (...) Él está demasiado enamorado, demasiado pendiente. Y no se baña... Antes tenía alguna coquetería." Sus torpezas alcanzan extremos bastante cercanos a la idiotez: "Ahora está tan seguro de la gloria -sigue Silvina- que sale con el pantalón de baño abierto y todo afuera (...) No podía cerrarlo. Hubo que prestar ayuda: yo, María Esther. A él no le importaba nada." Bioy describe entonces, tal vez con lástima, la caricatura en la que se ha convertido el gran Jorge Luis: "Borges en el centro de la carpa, a la vista de toda la playa, con una camisa rabona (de las llamadas remeras) y sin pantalones ni calzoncillos, al aire el promontorio oscuro de testículos y pene."

Pero él, Borges, está feliz. Su vida aún no había saboreado aquella "dulce costumbre" (en palabras de Cansinos) de la vida conyugal y ahora, por fin, lo hacía y se regocijaba en ello; aunque sólo fuese en la arrobadora perspectiva de su novia María Esther ayudándole a hacer el equipaje de vuelta: "Cuando la vi en esas tareas domésticas casi lloré. Más que los diálogos de amor, que al fin y al cabo son casi iguales con cualquier mujer, me conmueve lo doméstico, lo que no sirve para la poesía. ¿Comprendés? Me sentía al borde de una larga costumbre, de un largo tedio, por qué no, que es la verdadera felicidad."

Los consejos paternales de Bioy no se interrumpen ni siquiera ahora, con Borges en su papel de prometido "un poco vanidoso, un poco soberbio" (dice Silvina), con su victoria aparentemente asegurada: "Antes de ir a dormir, [Borges] aparece en mi cuarto y me consulta. BORGES: "No sé si afeitarme mañana... Total, cuando llegue a Buenos Aires ya voy a tener barba." BIOY: "Vos no te afeitás para Buenos Aires. Te afeitás para María Esther." BORGES: "¿Vos creés que esas cosas le importan? Ni lo notará." BIOY: "Esas cosas le importan y las nota, podés estar seguro. De cuidar esos detalles depende nuestra suerte en la vida con las mujeres." Con la mente puesta en los padecimientos pasados, Borges cita a Shopenhauer: "Tener cualquier cosa no es la felicidad, pero no tenerla puede ser la desdicha." Cree que tiene a María Esther, pero se equivocó. Ella desparece del diario de Bioy tan rápidamente como había irrumpido. La última mención a la escritora es del 9 de julio: "Me habla de mis consejos referentes a María Esther: Tenés razón -dice Borges-. No es una situación que pueda uno tolerar por mucho tiempo. Mejor hacer las cosas una sola vez." El libro no aclara qué quiere decir y, de momento, yo no he encontrado la respuesta. Para mí que esa frase alude a un último intento de Borges y a un silencio reiterado de ella. Tal vez definitivo.

BORGES, de Bioy Casares. 

3 comentarios:

natsnoC dijo...

Vaya, muchas gracias por completar la historia. Una pena que Borges no supiera hacer frente a unos sentimientos que claramente le superaron. Porque lo de "atontado y monigote" describe a la perfección lo contado por Bioy.

El Impenitente dijo...

Tenía yo quince años. Estaba en clase de Educación Física. Dábamos vueltas corriendo por el gimnasio. Charlaba con un compañero que me contaba los rollos que se traía con no se cuántas tías. Yo era ingenuo y sentimental (creo que aún me dura) y estaba un tanto escandalizado -pero...¿y el amor? -Nano, eso de enamorarse es una pollada.

Ni Borges pudo escapar de la pollada de enamorarse cuando el amor es sinónimo de sufrir y ni siquiera un triunfo en la batalla de los horóscopos es consuelo.

Petrarca dijo...

natsnoC: el contraste entre el Borges enamorado y el Borges "normal" es inmensa. Toda la seguridad y todo el empuje se le vienen abajo. Por otra parte, es normal: tanto vivir para la ficción a uno le desentrena de la vida real.

Impenitente: a uno ya no le dejan ser ingenuo y sentimental ni siquiera en la intimidad.

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