24 de enero de 2012

Diálogos ociosos (XIII)


PETRARCA: "No puedo remediarlo, Mailock. Soy un sentimental. Tendrías que haberme visto ayer por la noche llorando por la muerte de Borges, por las palabras de Bioy: Un individuo joven, con cara de pájaro, (...) me saludó y me dijo, como excusándose: "Hoy es un día muy especial". Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: "¿Por qué?". "Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra", fueron sus palabras exactas. Seguí mi camino. Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. He cambiado mucho pero hace diez años lloré si no las mismas lágrimas unas muy parecidas por Jean Valjean. Esas lágrimas cálidas y sedosas que produce la literatura. Después de tantas páginas de feliz compañía la vida acaba, el libro se cierra, pero las palabras y los ejemplos quedan como un consuelo, el consuelo de poder decir que menos mal que existió Borges, que menos mal que existió Valjean. Mira esto: Salimos entristecidos por la lectura de cuentos y novelas para el concurso de La Nación. [Borges] me dice: -En momentos así hay que pensar "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme", y uno recupera la fe en la posibilidad de escribir." MAILOCK: "La muerte es misteriosa, siempre sorprende, de ahí que se recurra tanto a ella en los cuentos. Hay que ser muy insensible o escribir muy mal para que una muerte no provoque una reacción, por mínima que sea, en el espectador. Cuánto más las muertes de personas tan reales y amistosas como Jean Valjean o Jorge Luis Borges." PETRARCA: "Borges estaba muy mal. Bioy cuenta que, quince días antes de su muerte, Borges sintió que el momento final se acercaba, que lo había notado. Pronunció los adjetivos "externa", "fría" y "rígida" para referirse a esa presencia real de la muerte. Como el filo de una espada. Vivía con María Kodama en Ginebra y apenas veía a nadie más que a los periodistas que iban a entrevistarle. Unas semanas antes de morir llamó a Bioy para decirle que ya no iba a volver a Buenos Aires. Rompió a llorar. Se estaba despidiendo por última vez de su mejor amigo. El diario de Bioy se cierra con estas palabras: Bernès grabó a Borges cantando La morocha y otros tangos. Dice que en esa grabación Borges ríe con la risa de siempre.

2 comentarios:

JLin dijo...

¿Misteriosa la muerte? Es la única cosa cierta que nos ha de alcanzar a todos; misteriosa tal voz por lo que pasa después, si es que algo hay que yo creo que si, pero no por su inevitabilidad y certeza.
Bonita entrada.

Petrarca dijo...

Se podría decir que sigue siendo un misterio a pesar de la estadística. :)

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