Dicen que el sentido del veredicto sobre el caso de los trajes venía ya explícito en el nombre del jurado (popular). Al margen de la sentencia, es lícito y pertinente preguntarse si conviene o no conviene que sean nueve ciudadanos de a pie los que juzguen a dos líderes de un partido político que consiguió el 48% de apoyo en las últimas elecciones. Es lícito y pertinente preguntarse si eso ayuda o no a la pretendida objetividad aunque, dada la mala fama que tiene nuestra justicia -una fama en parte merecida- se podría llegar a la conclusión de que, a fin de cuentas, poco importa si la politización recae en unos o recae en otros. De un juez lo que se espera es que trabaje. De un jurado popular lo que se espera es que contemple los hechos como si éstos fuesen una novedad, que se fije en ellos sin haberse fijado en otros similares, que sus juicios no estén mediatizados por la rutina diaria que supone el trabajo de juzgar. Porque, como dijo Chesterton: "Mientras más mira el hombre una cosa, menos la ve; mientras más aprende el hombre una cosa, menos la sabe." Así, de igual manera que, porque miran y aprenden, las personas corrientes pueden dejar de fijarse en las nubes del cielo o en las piedras del camino, también porque miran y aprenden los jueces pueden dejar de fijarse en los personas corrientes a quienes se ha acusado de un delito. Puesta exclusivamente en manos de profesionales, la justicia puede convertirse en una máquina implacable y sin rostro, en una fábrica que produce sentencias en cadena. "Nuestra civilización ha decidido -continúa Chesterton- que determinar la culpabilidad o inocencia de los hombres es cosa demasiado importante para confiarla a peritos especialistas (...) Cuando desea catalogar una biblioteca o descubrir el sistema solar o cualquier otra menudencia por el estilo, utiliza sus especialistas. Pero cuando desea que se haga algo realmente serio reúne doce hombres reclutados entre los más sencillos y corrientes que andan por ahí." A juzgar por las evidencias, así fue. Nuestros nueve estaban en la media.

1 comentarios:
Al margen de la ortografía (dios me libre de comentarla a riesgo de echar espumarajos por la boca) que jueces y/o jurados tengan sus opiniones, ideología y demás es inevitable, sería absurdo pretender encontrar 9 seres húmanos 100% objetivos, yo sin embargo soy de los que pienso y quiero creer que si algún día me veo en la tesitura de ser jurado, me esforzaré en focalilzar mi atención el los hechos, en lo que dice la ley y poco más.
Pero la ortografía... ayyy (lágrimas manchan el teclado...)
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